Haneke: una historia de violencia
A sus setenta años Michael Haneke puede presumir de ser uno de los pocos cineastas del mundo que ha ganado dos Palmas de Oro del Festival de Cannes. Consiguió la primera en 2009 por La cinta blanca, un filme ambientado en un pueblo de Alemania en el que impera una enorme rigidez moral, y el pasado mes de mayo volvía a alzarse con el máximo galardón del certamen más importante del mundo con Amour, una dura y emocionante historia en la que un matrimonio ya octogenario se enfrenta a la vejez, la enfermedad y la muerte (la pudimos ver también en esta edición del Festival de San Sebastián).
A partir de este viernes 5 de octubre, y para amenizar la espera hasta que llegue el anhelado estreno en salas de su última obra, los espectadores de TCM Autor podrán familiarizarse con el cine de este gran director, uno de los que mejor ha diseccionado el comportamiento violento de nuestra sociedad, viendo tres de sus películas más significativas: Código desconocido, Caché y Funny Games.
Con su cine directo, un estilo sobrio y sin concesiones y unas interesantes historias no exentas de polémica, Michael Haneke se ha convertido en uno de los realizadores europeos más prestigiosos de las últimas décadas. Nació en Múnich en marzo de 1942 pero desde pequeño se estableció en Viena. Allí, además de Arte Dramático, estudió Filosofía y Psicología, dos campos que están siempre muy presentes en todas sus películas. Quiso convertirse en músico y actor pero acabó siendo crítico de cine y trabajando en la televisión alemana antes de debutar como director en 1989 con El séptimo continente.
Tres años después estrenaría la película que le situaría en el mapa de los cineastas más interesantes del panorama europeo de finales del siglo XX, El video de Benny, un filme en el que retrata a un adolescente fascinado por capturar la violencia en imágenes. En 1997, con Funny Games, ahondaría aún más en ese concepto denunciando, con la historia de dos adolescentes que asesinan por placer a los miembros de una familia, que la violencia se ha convertido en un espectáculo, un mero consumo audiovisual.
Desde entonces Haneke se ha convertido en uno de los directores mimados por el Festival de Cannes. Allí presentó en 2001 otra de sus películas más conocidas, La pianista, el retrato de una profesora de música que esconde, bajo la dulzura de las piezas que enseña e interpreta, un comportamiento histérico y sadomasoquista. Ganó el Gran Premio del Jurado y sus dos protagonistas, Isabelle Huppert y Benoît Magimel, se llevaron los premios de interpretación. En 2005 volvería a triunfar en La Croisette consiguiendo el premio al mejor director con Caché, un título en el que de nuevo habla del poder y la manipulación de las imágenes, y de un pasado violento, aparentemente soterrado y olvidado, y que, sin embargo, reaparece cuando menos se espera.
El cine de Michael Haneke nunca es convencional. La violencia que muestra no es facilona ni gratuita sino profunda y psicológica. Muchas de sus escenas suceden fuera de campo, es decir, el espectador apenas las ve, solo las intuye y, por tanto, sus efectos son más brutales. Un cine, en definitiva, especial y sin concesiones que desde octubre está al alcance de los estómagos más resistentes en TCM Autor.
Escrito por Lunes 1 octubre 2012



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