San Sebastían día 4: el artista y la idea

rss

Toda película brota de una idea. De un concepto principal que surge como un chispazo y sobre el que posteriormente se va construyendo una estructura. Ese embrión, esa idea primigenia que en definitiva no es sino el alma de la obra, suele ser fácil de identificar, y en muchos casos es lo que determina el resultado final de la misma. La estupenda Dans la maison, por ejemplo, vista ayer en la Sección Oficial, tiene su genésis en la necesidad de hacernos reflexionar sobre la ficción y en nuestra adicción a las buenas historias. El fraude, por su parte (la  película que inauguró el festival), tiene intenciones menos profundas y se conforma con mostrarnos la complejidad moral de los poderosos.

 

Jean Rochefort en ‘El artista y la modelo’.

 

En El artista y la modelo, el título que ha abierto la competición en la jornada de hoy, Fernando Trueba riza el rizo y, a modo de bucle, lo que nos propone como idea es la persecución de otra idea: la búsqueda por parte de un longevo escultor de ese detalle, esa semilla inspiradora, que le permita construir su nueva obra. Para contar esta historia, protagonizada por un gran Jean Rochefort (un actor que, ya que hablamos de arte, parece salido de un lienzo de El Greco), Trueba abandona todo artificio (música, color…) y apuesta por un estilo tan desnudo como la joven modelo a la que da vida Aida Folch, una muchacha huida de la España franquista que encuentra refugio en el estudio del anciano creador.

En lo que supone toda una declaración de intenciones, Fernando Trueba dedica su filme más pausado y contemplativo a su hermano, el fallecido escultor Máximo Trueba, la persona que, en sus palabras, “le enseñó el arte”. Sin embargo, no es esta una película sólo sobre el arte y la creación El artista y la modelo también habla de la vejez y la plenitud. Del descreimiento del que ha visto demasiado y de la esperanza del que aún tiene mucho que ver. El anciano artista y la joven modelo personifican los dos extremos del ciclo vital, y tal vez sea aquí donde radique el mayor atractivo de una película que, evidentemente, no es para todos los públicos. Como una sobria estatua clásica, habrá a quien le parezca admirable en su sosegado academicismo y quien, por el contrario, se aburra como una ostra.

 

Las jóvenes protagonistas de ‘Foxfire’.

 

Ante la complejidad de encontrar estas ideas, no muy abundantes, hay quien prefiere ahorrarse tanta cavilación y recurrir a las ideas de otro. Es el caso del estupendo director francés Laurent Cantet, que basa la mayoría de sus películas en obras literarias ajenas. Su último filme, Foxfire, no es una excepción, ya que adapta un texto de la popular novelista estadounidense Joyce Carol Oates.

En su nueva película, el autor de Recursos humanos cambia de registro y nos propone una historia ambientada en los Estados Unidos de los años 50 y rodada en inglés. El filme, protagonizado por un grupo de rebeldes adolescentes que crean una hermandad (Foxfire), permite establecer ciertas comparaciones con los movimientos anti-sistema surgidos recientemente al abrigo de la crisis. Hay que decir que su larga duración (casi dos horas y media) y la sorpresa que ha resultado para muchos ver esta nueva versión de Cantet ha desorientado a buena parte de los presentes hoy en el Kursaal. Destaca en cualquier caso el grupo de jóvenes actrices protagonistas del filme, intérpretes en su mayoría no profesionales y entre las que sobresale Raven Adamson, que encarna a la cabecilla del grupo.


Escrito por Lunes 24 septiembre 2012

Tags : , , ,


Los comentarios están cerrados.