Mankiewicz al desnudo
Joseph L. Mankiewicz tocó casi todos los géneros. Realizó dramas como De repente, el último verano o Eva al desnudo; musicales como Ellos y ellas; películas románticas teñidas por un halo de misterio como la encantadora El fantasma y la señora Muir; grandiosos filmes épicos como Cleopatra; adaptaciones de obras teatrales como Julio César o La huella e incluso un western lleno de ironía, El día de los tramposos. Pero sus obras tenían algo en común: poseían un guión perfecto y unos diálogos con un ritmo preciso y milimétrico que fluían por la boca de los actores como si fueran totalmente espontáneos.
El domingo 2 de septiembre TCM estrena la entrevista que este gran realizador concedió en los últimos años de su vida al crítico cinematográfico Richard Schickel. En ella repasa su vida y su larga y fecunda carrera artística. Y para ilustrar y completar esta conversación TCM ofrece a sus espectadores todos los domingos de septiembre un pequeño ciclo en el que se puede comprobar su maestría como director y guionista en títulos como La condesa descalza o Julio César, y también su amplia labor como productor de películas tan conocidas como Historias de Filadelfia, La mujer del año o Furia.
Joseph Leo Mankiewicz nació en 1909 en Pennsylvania y tuvo una esmerada y completa educación. Estudió Psiquiatría e Historia del Arte, pero lo que de verdad le apasionaba era el teatro. Fue su hermano Hermann, que estaba trabajando como guionista en Hollywood, quien le introdujo en la industria del cine. Su gran ambición desde el principio, como reconoce en la entrevista con Richard Schickel, fue convertirse en director. “Quiero dirigir lo que escribo”, le dijo en una ocasión al jefe de la Metro Louis B. Mayer, “pero lo último que quería el estudio era que un escritor dirigiera”, añade.
Mankiewicz dejó la Metro y debutó como realizador en la Fox con El castillo de Dragonwyck, un filme que produjo otro grande del cine: Ernst Lubitsch. “De él aprendí mucho. Casi todo”, reconoce ante Schickel. “Yo no estaba interesado en hacer películas que costaran cientos de millones de dólares para niños ni para adolescentes”, explica Mankiewicz en la conversación. “Prefería rodar historias para adultos”. Y así fue. Realizó películas en las que intentaba descubrir qué había de verdad y qué de mentira en la conducta de los seres humanos y, sobre todo, indagar en el comportamiento de la mujer.
Cuando se hizo cargo del rodaje de Cleopatra, tras el despido de Rouben Mamoulian, quiso dar al filme un tono intimista, centrado en los sentimientos y las emociones de los personajes, algo que chocaba con el tono grandioso y épico que pretendía el productor, Richard Zanuck. El resultado fue uno de los grandes fracasos comerciales de la historia del cine.
Como guionista fue nominado al Oscar en cinco ocasiones, y lo ganó por Carta a tres esposas y por Eva al desnudo, con la que consiguió, además, el de mejor director. “Rechazo la idea de que el entretenimiento para el espectador sea algo solamente visual”, dice Mankiewicz. “También están los sonidos de las palabras”.
A lo largo de la charla, el director norteamericano habla de los grandes actores con los que trabajó, como Marlon Brando, Bette Davis, Elizabeth Taylor o Richard Burton, y de sus conflictos con los jefes de los estudios. Comenta, asimismo, escenas y diálogos de algunos de sus largometrajes, como Mujeres en Venecia.
En 1972 dirigió su última película, La huella, protagonizada tan solo por dos actores, Laurence Olivier y Michael Caine. “Es la única vez que todo el reparto de una película ha sido candidato al Oscar”, dice con ironía en la entrevista. Pero el cine iba cambiando y convirtiéndose cada vez más en un fábrica de entretenimiento y Mankiewicz se retiró cuando comprendió que su tiempo había pasado. “El cine ya no me quería y yo tampoco le quería a él”. Murió el 5 de febrero de 1993.
Escrito por Jueves 30 agosto 2012



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