Forest Whitaker, un tímido e inocente roba-papelones

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Con su envergadura poco standar, su perezoso párpado izquierdo y una timidez que no puede disimular, este actor tejano es todo menos un galán.

Pero eso no ha impedido que haya tenido sus muchos momentos de gloria y hasta pueda presumir de haber ganado un Oscar (por encarnar al dictador africano Idi Amin en El último rey de Escocia).

Quizas sea esa especie de inocencia que rezuma la que le haya permitido obtener papelones deliciosos que muchos guaperas envidian.

 

 

Por ejemplo, Clint Eastwood, nada más y nada menos, le encargó que se reencarnase en el saxofonista suicida y heroinómano Charlie Parker en Bird, personaje al que revistió de tal rabia, angustia, dolor y complejidad que dejó rendido al jurado de Cannes, que premió merecidamente su labor actoral.

En la misma ciudad francesa, igualmente apabullado por su trabajo, Walter Hill le fichó para que encarnase al cirujano plástico que le cambia el careto a Mickey Rourke en Johnny Handsone.

 

 

Tras alguna interesante incursión televisiva -como Criminal Justice, donde era un exconvicto y padre soltero que vuelve a la celda por atacar a una adicta al crack (Rosie Pérez)-, fue aclamado otra vez por la crítica por el rol del héroe naif de A rage in Harlem, un film que produjo y al que atrajo a nombres amigos como los de Danny Glover y Gregory Hines.

Al tiempo que rodaba junto a Sharon Stone Diario de un asesino a sueldo, no dejó de aceptar papeles secundarios, entrando en la estirpe de los grandes en una liga que ha dado nombres sagrados.

 

 

Ex campeón de rugby, director de cinco films y estudiante de música, le hemos visto junto a Paul Newman en El color del dinero, de Scorsese; en Platoon, la cinta bélica de Oliver Stone; como poli en Procedimiento ilegal, codeándose con Richard Dreyfuss y Emilio Estevez; repitiendo como oficial de la justicia en Contacto sangriento, al lado del prieto Jean-Claude Van Damme y fue un desconcertado chófer de Robin Williams en Good Morning Vietnam.

Y luego llegó la mencionada Bird, un papel que le iba como anillo al dedo según el propio Eastwood: “Vi a Parker tocar en Oakland cuando yo era joven, en los cuarenta, y él poseía una tremenda personalidad carismática, a pesar de haber sido un chico malo. Forest parece igual, tiene esas mismas cualidades”.

Palabra de jefe.

 

 

Juego de lágrimas, que vino cuatro años después, corroboró lo anteriormente dicho.

Fue su primer rodaje fuera de los EEUU y provocó protestas de los actores anglo-africanos, que no vieron con buenos ojos su rol de soldado de Irlanda del Norte secuestrado y enamorado de una peculiar peluquera.

Pero Neil Jordan volvió a confirmar que estábamos ante uno de los mejores intérpretes del momento: “No encontré a otro actor que pueda igualar el poder y las cualidades de su trabajo. Tiene tal sentido de la inocencia y posee tales recursos para escarbar en las emociones que resulta genial”.

Palabra de otro jefe.

Amén.


Escrito por Miércoles 29 agosto 2012

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