Matt Dillon: rebelde moderno, fotogénico y cool

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Uno de los actores más carismáticos de su generación -aquel ya lejano Brat Pack de los ochenta-, Matt Dillon entró en el cine por la puerta grande gracias a Coppola, que le otorgó -fascinado por su aspecto de chico callejero, una versión moderna de la rebeldía jamesdeanesca- el mejor papel de Rebeldes.
En esa cinta, en la primera secuencia, aparece Dillon fumando un cigarrillo. Se le acerca C. Thomas Howell y le pregunta “¿Qué quieres hacer?”.
“Nada legal, tío”, responde el guapo chico del tupé.

Fenomenal entrada en el Olimpo del cine contemporáneo.
Etiqueta asignada, en la que se combina la dureza juvenil, el ingenio y las ansias por romper reglas. Y, cómo no, representa al héroe heredero del Rebelde sin causa, dejando entrever en él cierta vulnerabilidad.
Algo que su compañera de reparto en la posterior Drugstore Cowboy (dirigida por Gus Van Sant), Kelly Lynch, corroboraba: “La gente no sabe lo inteligente y gracioso como actor que es. Matt siempre es un tipo cool, con su sombrero de cowboy, los vaqueros estrechos y, fumando, apoyado en una pared, sin dejar de ser inocente e ingenuo. Es un comediante como no puedes imaginarte”.

Todo eso lo capta el objetivo perfectamente. Porque gracias a su evidente apostura y a esa mirada entre infantil y de malote, la cámara le quiere… y mucho.
Lo ha demostrado desde que empezó a ponerse delante de ella, con 14 años, debutando con En el abismo, dando vida, cómo no, a un rufian con mucha actitud.

Ese trabajo, más el que realizó en Faldas revoltosas (Little Darlings) -al lado de Kristy McNichol-, le llevó a llenar con sus fotos las carpetas y habitaciones de adolescentes.

Y a seducir a los directores de castings, que le convirtieron en algo así como en el “Chico Susan Hinton”, la gurú del desencanto juvenil (que se puso de moda en el Hollywood de los ochenta), pues intervino en tres adaptaciones cinematográficas de sus libros:

-Tex: donde era un muchacho que trataba de crecer en circunstancias bastantes complicadas.
Le acompañaban en el cartel otros dos talentos de su quinta: Meg Tilly y Emilio Estevez.

-Rebeldes (The outsiders), dirigido por Coppola, quien reunió a un ramillete de futuras estrellas, donde era un perdedor al que admiraban ciegamente Ralph Macchio y C. Thomas Howell.

-La ley de la calle (Rumble Fish), también de Coppola, le catapultó definitivamente.
Aquí era su personaje, Rusty James, quien idolatraba obsesivamente a su hermano mayor, el motorizado Mickey Rourke.
En el casting, otras dos joyas de su generación: Nicolas Cage y la bellísima Diane Lane.

Luego, demostrando que las palabras de la Lynch son ciertas, demostró su talento cómico en The flamingo kid, con un papel más adulto. Le dirigió Garry Marshall.
Posteriormente sería el hijo de Gene Hackman en Target, un thriller de espionaje donde ambos buscan a la madre secuestrada del joven.
Tras algunos resbalones que no hace falta recordar, en el 89 Dillon demostró de nuevo su versatilidad encarnando a un yonqui en la magnífica Drugstore cowboy.

Este nuevo subidón en su carrera le empujó a remakear el clásico de Ira Levin Bésame antes de morir, donde encarnaba a un psicokiller (personaje de moda en los incipientes años noventa) que acosaba a las gemelas Ellen y Dorothy encarnadas por Sean Young.
Y, con greñas de hippyoso, hizo un secundario en Solteros (Singles), retrato de la juventud de la ciudad cuna del grunge, Seattle, encarnando, cómo no, a un músico emparejado a Bridget Fonda.
Aunque los últimos años no ocupe tantas portadas (pero sigue muy activo con hits como Algo pasa con Mary, Juegos salvajes, In & Out o Crash, la oscarizada, no la de Cronenberg), su rostro ha quedado para siempre como símbolo de un par de décadas irrepetibles y de una inéquivoca, rebelde y muy cool actitud.


Escrito por Viernes 24 agosto 2012

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