Maureen O´Sullivan, la desinhibida -y censurada- reina de la selva
Lo de esta actriz es único.
Ella, delicada y elegante, bien hablada y refina, dejó su Irlanda natal y el mundo civilizado para irse a vivir con un forzudo en taparrabos.
Y en pecado, pues no estaban casados.
Toda una moderna, la Jane que Maureen O´Sullivan popularizó al lado del medallista Johnny Weissmuller en el primer Tarzán de los monos y sus continuaciones.
Porque estamos hablando de la década de los treinta, no lo olvidemos.
Su Jane era una chica adelantada a su tiempo que, lejos de la sociedad, se convierte en compañera, amiga, madre, profesora, pareja y amante del gigante de grito huracanado.
Y es que las dos primeras entregas de la saga tarzanesca rebosan erotismo: vemos cómo un macho alfa musculado no para de toquetearse, besarse y poner miradas pícaras con una muy femenina heroína.
Además, cuando conoce al mono blanco, en un acto repleto de simbolismo sobre la libertad sexual y la vuelta al primitivismo, se despoja de sus botas, pantalones y demás atuendo de cazadora de safari para calzarse un cómodo, diminuto, fresco y ligero top completado con un taparrabos que deja al descubierto no sólo su gracioso ombligo, sino también sus bien torneados muslos y sus gráciles caderas.
Claro, estamos en los años pre-Código Hays, y semejante despendole no podía durar mucho.
Así, la censura cayó sobre el estilismo selvático de Jane y a partir de la tercera entrega, la muchacha vistió un modelo mucho más recatado, de una sola pieza, que vino acompañada de la intrusión del mundo “civilizado” en la vida feliz del ingenuo y sanote rey de la jungla.
Lo uno y lo otro empiezan a provocar roces en la hasta entonces idílica pareja salvaje, pues mientras Tarzán se mantiene puro, Jane es tentada por su pasado: los cazadores que se adentran en la espesura la persuaden con sus engaños para que vuelva a casa y se deje de vivir en un árbol con un brutote medio analfabeto, poniendo, de paso, al cachas en graves aprietos.
Pero, afortunadamente, el héroe sale indemne del conflicto, manda al garete a los cazadores sin escrúpulos y perdona a Jane… porque sabe que nadie puede reemplazarla ni quererle igual.
Tras seis títulos, Maureen dejó la serie cinematográfica que la hizo célebre para todos los públicos y buscó nuevos rumbos a su carrera, aunque al principio sólo le ofrecían -debido a su dulce anatomía- papeles de ingenua en películas lideradas por estrellas masculinas.
Con 46 años estuvo soberbia en el western de Budd Boetticher Los cautivos, donde Randolph Scott suspira por sus curvas.
Y Woody Allen la redescubrió para la audiencia mundial otorgándole el papel de mamá de Mia Farrow -su hija en el mundo real- en Hannah y sus hermanas.
Pero los que crecimos envidiando a Tarzán de los monos -que se emite el 28 y 29 de agosto en TCM- siempre la recordaremos como la compañera de aventuras ideal, ágil, divertida, cariñosa y muy, pero que muy sexy.
Escrito por Miércoles 22 agosto 2012






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