Chris Marker, el gato que en paz descansa

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Esta semana pasada murió uno de los más grandes cineastas de la historia, el creador del cine-ensayo, Chris Marker. Aquí lo vemos en una foto de jovencito, seguramente tomada por sorpresa, porque era conocida su reticencia a dejarse fotografiar y entrevistar (una de sus últimas entrevistas la concedió a partir de su personaje en SecondLife: era, a sus 91 años, un experto en nuevas tecnologías audiovisuales). Era amigo de Alain Resnais y Agnès Vardà, podríamos decir que formaba parte de los autores de la Rive Gauche, pero son ganas de etiquetarlo. Iba por libre, era inclasificable.

 

Incansable viajero y curioso impenitente, le gustaba escudarse en la imagen de su gato, Guillaume-en-Egypt. Su mismo nombre era un seudónimo, y siempre jugaba la carta de lo enigmático: muchos datos de su biografía se contradicen, es imposible saber si son ciertos o falsos. Lo que está claro es que, alineado junto a Resnais, es el gran analista de los meandros de la memoria, que toda su filmografía, que reinventó lo que hasta entonces se conocía por documental, se dedicó a recorrer sin brújula, en el dibujo de un mapa sin fronteras.

 

Su única película de ficción, La Jetée, es quizás la más recordada, sobre todo porque motivó un brillante remake, Doce monos, que a Marker le gustaba mucho. Mediometraje montado en base a imágenes fijas (con una significativa excepción), como una fotonovela, narra un viaje en el tiempo que es también un bello viaje hacia la muerte. La sombra de Hitchcock, siempre presente en el cine de Marker, es alargada, y avanza su decisiva influencia en Sans Soleil, obra cumbre del cine-ensayo que no se agota ni en mil visionados.

 

Sans soleil es un poema epistolar. Un poema que va y viene entre África y Japón, que observa la muerte de una jirafa y la quema ritual demuñecas japonesas con la misma insólita curiosidad, que interroga el enigma felino y que contempla a los nipones montados en el metro, que visita los escenarios en los que se desarrollaba Vertigo a la vez que concluye que los videojuegos representan con claridad el destino humano. Es una preciosa carta de amor al pensamiento de la imagen, o la prueba fehaciente de que la imagen piensa.

 

Acérrimo defensor de las posibilidades expresivas de la imagen electrónica, Marker, transmutado en una de las voces de Sans soleil, decía: “Este es un lenguaje que me toca, porque habla de esa parte de nosotros empeñada en hacer dibujosen las paredes de las prisiones. Un cacho de tiza para seguir los contornos de lo que no es, o no es nunca más, o no es aún. Una escritura de la que cada uno se servirá para hacer una lista de las cosas que le tocan el corazón, o para ofrecerlas o para borrarlas. En ese momento, la poesía estará hecha por todos”. Quien es capaz de escribir algo así, merece un lugar privilegiado en nuestra memoria.


Escrito por Lunes 6 agosto 2012

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