Rock Hudson (2ª parte): un Gigante con un don especial

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En un post anterior (del 3 de julio, concretamente) ya os hablé del libro Rock Hudson, su vida, coescrito por el astro y la periodista Sara Davidson durante los días de la agonía del actor, cuando decidió descubrir al mundo todo lo que había ocultado durante su carrera, pues desvelar su homosexualidad era un tabú que, por lo visto, se sigue dando incluso hoy en los grandes estudios de Hollywood.

Voy a dejar que sea la autora del libro la que exprese aquí algunas de sus impresiones y cuente aspectos del mito que no dejan de sorprender:

 

 

“Le pregunté a Rock por qué había decidido hacer el libro.
Se ha escrito tanta porquería sobre mi…! Es hora de que alguien cuente la verdad.
-¿Cuándo supiste que querías ser actor?
-Siempre quise serlo.
Le pregunté cuáles eran sus película favoritas.
-Gigante, Plan diabólico, Confidencias a medianoche y Pijarama para dos. Adoro las comedias. Tuve que aprender de Doris… y hablando de saber lo que se está haciendo: si tengo que hacer una comedia con, digamos, Shelley Winters, me resulta difícil. Ella no tiene gracia y cree que la tiene. Y su voz lo traspasa a uno. Hacer una comedia con alguien que no tiene idea de lo que es la comedia resulta… una tragedia. Pero Doris sabe.

 

 

Me sorprendió ver que Rock Hudson había sido muy amado, profundamente, amado, no sólo por su público, sino por una cantidad relativamente grande de amistades.
Lo que advertí cuando murió no fue la cosa formal y social, sino verdadero dolor y la real sensación de pérdida de alguien querido.
Para sus amigos, Rock posesía algo único: el don de hacerlos reír como nadie. Era infantil y eso desaraba a la gente.

 

 

Rock reía hasta llorar y encontraba un deleite especial en la propia risa y en hacer reír a la gente cuando se suponía que no debía hacerlo.
Su risa franca y profunda y la alta figura sacudiéndose con las carcajadas hacía que éstas resultaran contagiosas.
Una tras otra, las actrices que trabajaron con Rock me contaron que nunca se habían divertido tanto en los escenarios, nunca habían tenido tantos ataques de risa incontenibles como con él. Casi todos nosotros podemos tener ese efecto con una o dos personas, pero Rock lo tenía con todos: jóvenes, viejos, hombres y mujeres. él tenía el don, la gracia.

 

 

Rock Hudson muy rara vez hablaba de sus temores, sus sentimientos o de su vida privada, ni siquiera con sus amantes.
Nunca conversaba largamente sobre las relaciones humanas ni los estados anímicos.
Nunca se quejaba ni confesó tener problemas. Como dice su amigo George Nader: “Si su espíritu estaba atormentado, nadie se dio cuenta”.

 

 

A Rock le gustaban los chistes, el juego, la música, la jardinería, el esquí acuático y reír, reír siempre. Comunicaba la ternura y el amor sin palabras. Siempre esra el primero en ayudar a un amigo en dificultades, el primero en preparar las cosas y mover los muebles, el primero en aparecer con un cubo y una pala para cavar y rescatar una casa hundida en el lodo.
Se iba temprano del estudio para llevar a un amigo al dentista, pero no permitía que ese amigo supiera lo que él quería, lo que estaba planificando, dónde iba a ir esa noche.
Su rostro, que se veía tan sereno e inocente, hacía pensar a la gente que era un simple muchacho del campo, pero esa cara de expresión simple y abierta era una herramienta totalmente cultivada.

 

 

Cuando pienso en los hombres con los que Rock estuvo relacionado sentimentalmente, tengo la sensación de ir conociendo a la misma persona en diferentes edades. Cuanto más tiempo hacía que habían compartido una etapa de la vida de Rock, más viejos eran en 1985. Era casi cómico.
Yo pulsaba un timbre y la persona que me atendía era siempre alta, rubia, de hermoso cuerpo, de aspecto masculino y todos hubiéramos creído que era un hombre heterosexual.
Por lo general, tenían bigote. Pero ninguno de esos hombres había tenido relaciones con el mismo Rock Hudson.

 

 

George Nader dice que Rock tenía el don de conmover al público ya desde que era un principiante:
-Las estrellas tienen un motor de gran potencia en su interior que genera magnetismo animal. Conectan el motor y la emoción empieza a fluir por los ojos, por los sentidos, no sabemos cómo, pero sale de la pantalla y llega a la gente que está sentada en un cine a oscuras.
Nader dice que uno puede aprender las técnicas de actuación y agrega:
-Pero para que el público sienta algo, debe existir ese motor interno. Es un don, y Rock lo tenía.”


Escrito por Jueves 12 julio 2012

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