Tom Cruise y Katie Holmes, divorcios y psicoanálisis

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Pensaréis que me he vuelto loco. ¿Estado Crítico en la prensa rosa? Ummmmm… Aún no, aunque nunca se sabe donde vas a acabar. El caso es que la apresurada petición de divorcio de Katie Holmes, en los días previos al cincuenta cumpleaños de su sonriente esposo, Tom Cruise, me ha hecho pensar en la singularidad de la carrera de este extraño actor que, a menudo, ha utilizado su trabajo para explicarse a sí mismo de una manera autoconsciente y terapéutica (o catártica), conviertiéndole en un verdadero perro verde de la industria de Hollywood.

 

Parece que Katie Holmes quiere divorciarse para proteger a su hija Suri, en edad (6 años) de ser captada por la iglesia de la Cienciología. Parece que Nicole Kidman pidió el divorcio por los mismos motivos. El dinero no es un tema: Holmes firmó un acuerdo prenupcial que le dejaba prácticamente sin nada. La prota de Dawson crece sólo quiere trabajar, cosa que, dicen las malas lenguas, Cruise dificultaba tomando las decisiones por ella. Y que ahora no se rendirá fácilmente, porque lo único que desea es quedarse con la custodia de su hija.

 

La maniaca privacidad de Cruise, la obsesión por mantener en secreto su vida personal -aunque sea exponiéndola al máximo, como en su numerito en el programa de Oprah Winfrey, que molestó sobremanera a Spielberg-, contrasta con su tendencia a psicoanalizarla en algunos de los títulos más importantes de su filmografía. Pienso en ese díptico formado por Risky Business y El color del dinero, que lo retrataban respectivamente como un jovencito ávido de pasta y un impulsivo novato que tenía que calibrar su talento para conseguir ser el primero en su especialidad.

 

Pienso, claro, en Eyes Wide Shut, en la que Kubrick, viejo sádico, filmó el proceso de descomposición de su matrimonio con Nicole Kidman. En este documental seductor e implacable, sofisticada bomba nuclear contra los secretos de una pareja que se aman como extraterrestres, Cruise no salía especialmente bien parado. Confuso y melancólico, frígido y débil, se dejaba manipular por los deseos de su lado oscuro, asumidos en la gran pantalla, ocultos en la vida privada.

 

Pero, sin lugar a dudas, es en Magnolia donde se desnuda más y mejor. Es fácil detectar en la agresiva estrella de los telepredicadores, en el que ha convertido la fe en un insulto hacia sí mismo, en el hombre que se pone a la defensiva durante una entrevista que intenta hurgar en su pasado, en el chico desecho en lágrimas que quiere reconciliarse con la figura paterna, al Cruise más complejo y siniestro, ese amo del mundo al que le cuesta asumir su orfandad y que trafica con la vida de sus esposas como un mercader celoso. ¡Ay, si Penélope pudiera hablar…!


Escrito por Jueves 5 julio 2012

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Los comentarios de la película. “Tom Cruise y Katie Holmes, divorcios y psicoanálisis”

  1. Alfins dice:

    ¡Bravo Sergi! Y si Penélope pudiera hablar, diría lo que todos: Dakota, Ellen, CORRED!!!