Jason Robards, el rostro sereno de la razón

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Pronunciar el nombre de este enorme actor -fallecido en el 2000- implica automáticamente calidad interpretativa, ya sea como arrollador protagonista o como sólido secundario.

Para demostrarlo, quí va un ramillete de trabajos suyos:

 

 

-Era el alcohólico y débil Jamie Tyrone, hijo mayor del matrimonio Katharine Hepburn y Ralph Richardson en la brutal Larga jornada hacia la noche, dirigida por Sidney Lumet, o cómo puede llegar a ser de destructiva la (im)perfecta familia americana según un Eugene O’Neill que puso mucho de su propia vida ahí.

 

 

-Un inconformista que debe retomar su trabajo por no perder la custodia de su sobrino en la comedia El payaso de la ciudad, una cinta poco conocida que estuvo nominada al Oscar como una de las mejores del año en 1966 y que le valió el galardón al secundario Martin Balsam.

 

 

-Encarnando al sangriento Al Capone en La matanza del día de San Valentín, o Roger Corman realizando la crónica del ascenso al trono del crimen organizado, en 1929, del ganster más famoso de todos los tiempos.

 

 

-Un acusado de asesinato, romántico y protector -de una Claudia Cardinale de infarto- en Hasta que llegó su hora, obra cumbre del spagueti-western del maestro Sergio Leone a partir de una historia perpetrada junto a Bertolucci y Dario Argento.

 

 

-El explorador abandonado en medio del desierto por sus amiguitos con el nombre propio que va en el título de La balada de Cable Hogue, un western alejado de la épica, orquestado por un soberbio Sam Peckinpah, que tuvo problemas de producción y esta misma noche podéis disfrutar en TCM Autor.

 

 

-En el pellejo del editor del New York Times Ben Dradlee en Todos los hombres del presidente, que encargó a sus reporteros Hoffman y Redfor que investigaran los trapos sucios de la Casa Blanca de la era Nixon.
Supuso su primer Oscar, en la categoría de mejor actor de reparto.

 

 

-El escritor Dashiell Hammett en Julia, de Fred Zinnemann, al lado de las amigas en la ficción Jane Fonda (que encarna a su amante Lillian Hellman) y Vanessa Redgrave.
Segundo Oscar, en la misma categoría, obtenido dos años después del anterior.

 

 

-El desquiciado anciando motorista que dice llamarse Howard Hughes en Melvin and Howard, una maravillosa comedia de Jonathan Demme que ganó el Oscar al mejor guión de 1980, le valió otra nominacion a Robards y un merecido galardón a Mary Steenburgen.

 

 

Y podíamos seguir enumernado… (hasta fue padre de Jessica Lange, Jennifer Jason Leigh y la Pfeiffer en Heredarás la tierra… , el abuelo de Heidi en una tv-movie y el moribundo progenitor de Tom Cruise en Magnolia, su última aparición en la gran pantalla) pero en todos ellos hay elementos comunes: cierto punto de iconoclastia y rebeldía a la vez que sabiduría, inteligencia y cierto halo existencial.
Porque estos personajes de Robards son bastante parlanchines, y no sólo reflexionan en voz alta sobre lo que les ocurre en el film en cuestión, sino que analizan el pasado y nos aconsejan de por dónde pueden ir los tiros en el futuro.

 

 

Y todo eso lo da el haber vivido mucho y haber sacado clarividentes lecciones de cada arruga de su rostro, de cada error, de las emociones sentidas desde una sensibilidad que le permite empatizar con quien le escucha y ayudarle en sus conflictos.
Son personajes que transmiten orgullo por el tiempo vivido, que no se arrepienten de nada y que, por lo tanto, son capaces de decir verdades como puños.

 

 

Por eso, porque transmite tanta tranquilidad, cuando los personajes de una película o sus espectadores ven aparecer a este actor, sienten que las cosas están controladas.
Eso también le debió parecer a Lauren Bacall, que se casó con él.

 


Escrito por Jueves 5 julio 2012

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