Andrew Sarris, descanse en paz

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Ha muerto Andrew Sarris. Y con él, toda una tradición de la crítica norteamericana, la que importó la política de los autores cahierista en un momento en que el cine europeo era descubierto en Estados Unidos, cambiando el estilo y la mirada de la generación de cineastas yanquis que cambiarían Hollywood. Sarris, que vivió un año en París, en plena ebullición de la Nouvelle Vague, aplicó la rigidez idólatra de los franceses a su polémica pero fascinante taxonomía del cine norteamericano, titulada escuetamente The American Cinema.

 

Era una época en que la crítica de cine contaba. Y en que la guerra entre Sarris y Pauline Kael se convirtió en la comidilla de los suplementos culturales. Sarris observaba con condescendencia la frivolidad y la arbitrariedad de Kael. Kael se reía del hermetismo de un corpus teórico que le parecía una excusa para intelectualizar una cuestión de gusto. Fueron rivales durante décadas, poniendo de manifiesto dos tendencias que iban a dominar la prensa norteamericana. Porque ambos tuvieron –y tienen- sus groupies, sus fans, sus adeptos incondicionales.

 

Sarris repartió su sabiduría en tres publicaciones: el Film Culture de Jonas Mekas, el Village Voice y el New York Observer. Pero pasará a la posteridad por ese libro canónico que clasificaba, según una estricta jerarquía de buenos y malos, a todos los cineastas norteamericanos (o a los europeos que habían desarrollado su carrera en Hollywood). He aquí algunas perlas imprescindibles:

 

Sobre Fritz Lang: “El cine de Fritz Lang es el cine de la pesadilla, de la fábula y de la disertación filosófica. Las debilidades aparentes de Lang son las consecuencias de sus virtudes. Siempre le ha faltado el árida sofisticación que cineastas menores han desplegado en su provecho. Sus personajes nunca evolucionan con precisión psicológica, y su mundo carece de los detalles de verosimilitud que son tan importantes para los críticos realistas. Sin embargo, la visión del mundo de Lang está profundamente expresada por sus formas visuales”.

 

Sobre Richard Brooks: “Richard Brooks se siente atraído por temas violentos, pero su dirección carece de la fuerza para expresarlos”.

 

Sobre Billy Wilder: “Billy Wilder es demasiado cínico para creer en su propio cinismo”.

 

Sobre Joseph L. Mankiewicz: “El cine de Joseph L. Mankiewicz es un cine de inteligencia sin inspiración”.

 

Sobre Don Siegel: “Las mejores películas de Siegel expresan la condenada peculiaridad de un rebelde antisocial”.

 

Sobre King Vidor: “La vitalidad de Vidor parece no tener edad, y su fuerza plástica es especialmente apropiada para despedidas y reuniones, y para la oposición visual de los individuos frente a las masas, físicas y sociales. El de Vidor es un cine arquitectónico con nada de la determinación de Lang ni de la decadencia de Antonioni”.


Escrito por Jueves 28 junio 2012

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