El baile de los vampiros: lo atípico

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La mayoría de los grandes directores de cine tienen en su carrera un film atípico. Una película que no casa con su estilo o sus argumentos más manidos. Sin duda El baile de los vampiros encaja en esta categoría para Polanski. Éste, su primer film en color, difiere bastante de sus otras obras. El género, la puesta en escena, la fotografía… Nada de lo que hay parece llevar el sello inconfundible de Polanski aunque así sea.

Tate y Polanski: la felicidad antes de la desgracia

 

Estamos a finales de los años 60 y las películas de vampiros viven una segunda juventud gracias a la Hammer. El género está en plena ebullición, el espectador por fin puede ver el color rojo de la sangre, el ambiente gótico recubre Transilvania, lo erótico hace acto de presencia y nombres como los de Terence Fisher, Christopher Lee o Peter Cushing hacen las delicias de los amantes del cine de terror. Sin duda, Polanski tomó buena nota de ello.

 

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El Baile de los vampiros es un film sencillo, pero cargado de humor y buen hacer. La película narra la historia del doctor Abronsius y su ayudante Alfred, quienes viajan a Transilvania para confirmar una teoría que afirma la existencia real de los vampiros. En su periplo se detienen en una posada, cuyas paredes y ventanas están cubiertas de ristras de ajos, pero tanto los parroquianos como el posadero afirman que no existe ningún castillo por los alrededores y justifican la presencia de los ajos como un motivo ornamental típico de la región. El rapto de la hija del posadero y la vampirización de éste proporcionan a los protagonistas pistas suficientes para llegar al castillo.

 

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Polanski maneja a la perfección un guión escrito a cuatro manos con uno de sus habituales, Gerard Brach. La combinación entre humor y terror es perfecta. Si bien esta mezcla ya había sido desarrollada en años anteriores con éxito, como los geniales Abbot y Costello, en este film alcanza el grado de maestría. Además del guión es destacable también la fotografía de Slocombe y la partitura de Komeda. Todo ello sin menospreciar el arte de Polanski para poner en escena todo el conjunto.

 

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La presencia de Polanski como actor junto a la que era su mujer en aquel entonces, Sharon Tate, nos produce cierta melancolía por los sucesos que meses después iban a acontecer. El asesino Charles Mason acababa con la vida de ella y varios amigos en la mansión del director. Quizá por esta circunstancia, Roman abandonó el cine cómico. No estoy segura de ello, pero quizá ésta sea una de las razones.

 

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El baile de los vampiros no es la mejor película de Polanski. Ni siquiera una de las mejores, pero no cabe duda de que es un film atípico en su carrera, un film diferente, lleno de imaginación, talento y diversión. Una cinta imprescindible para los amantes del cine y para quienes sólo deseen pasar un rato agradable. Atentos todos al final de la película porque creó escuela.

 

 

 

 

 


Escrito por Lunes 25 junio 2012

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Los comentarios de la película. “El baile de los vampiros: lo atípico”

  1. Alfins dice: