George Kennedy: el rostro icónico del cine de catástrofes
Hay actores que son como osotes o como mantas zamoranas: grandes, cálidos y muy familiares. Vamos, que si un día te encuentras a cualquiera de ellos tirado en tu sofá, no te sorprenderá lo más mínimo.
Este hombretón de apellido presidencial es uno de ellos.
Porque los de mi generación -nacidos en los sesenta- crecimos con él: cada vez que íbamos al cine o veíamos una película en la tele, casi siempre aparecía su rostro de buen tío.
No recuerdo haberle visto nunca haciendo un papel de malo de la función, aunque empezó interpretando a tipos duros: por ejemplo, era un matón acosador de Audrey Hepburn en Charada (este finde la ponen en TCM).
Pero aunque siguió dando vida a caracteres ásperos y rudos en todo tipo de títulos (¡hasta sale en Espartaco!), dado su físico de jugador de rugby, pronto su mirada buenrrollista y la empatía que derrochaba sin esfuerzo le llevaron a encasillarse como un secundario simpático que anunciaba, con su aparición, que los conflictos del protagonista se empezaban a enderezar con su ayuda.

George transmitió como pocos confianza, honestidad y solidez.
Y aunque nunca estuvo en primera línea -como buen actor de reparto- ganó el Oscar en esta especialidad cuando fue un compañero preso, junto a Paul Newman, en La leyenda del indomable: él ayudaba -como un entrenador de boxeo o de equipo de fútbol- a ojos azules a engullir cincuenta huevos cocidos seguiditos en una escena mítica e inolvidable que mis ojos de niño observaron por primera vez con estupor long time ago.
Porque a muchos nos gustaría tener cerca a un tipazo como Kennedy: con su energía y ánimo se superarían más fácilmente muchos obstáculos.
Pero cuando Kennedy se hizo casi tan célebre universalmente como el presidente con su mismo apellido fue cuando encarnó al mecánico de los Aeropuertos y, siguiendo en el género catastrofista tan querido en los setenta, participó junto a estrellazas como Charlton Heston y Ava Gardner en Terremoto.
G.K. se convirtió así en algo parecido a un actor de culto, a medio camino entre el superhéroe y la figura camp, dispuesto a seguir satisfaciendo a sus fans más frikis al participar en un montón de cintas, no todas con el mismo presupuesto que las que le hicieron célebre.
Así, le pudimos ver junto a la sex-symbol coyuntural Bo Derek en aquella cosa llamada Bolero, parodiándose a sí mismo con mucho sentido del humor y socarronería en Modern romance o partiéndonos la caja de risa al lado de Leslie Nielsen en la saga Agárralo como puedas.
Por todo esto -y por haber trabajado a las órdenes de Robert Aldrich, Otto Preminger, Henry Hathaway, Richard Fleischer (fue aquel policía de la magnífica El estrangulador de Boston), Edward Dmytryk, Michael Cimino y Clint Eastwood, entre una larga lista- siempre querremos al tito George.
Porque sigue en activo a sus ochenta y pico, ¿eh?
(A ver si le rescatan para una nueva de catástrofes)
Escrito por Viernes 22 junio 2012


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