La cena de los idiotas: el humor francés a examen

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Desde pequeña he sido una gran fan del cine cómico francés. Desde la elegancia de Jacques Tati hasta el histrionismo de Louis de Funes. Por cierto, de este último me declaro gran admiradora. ¿Qué hubiera sido de mi niñez y pre-adolescencia sin las películas de este gran cómico, de este genio de origen de español?

 

Louis de Funes: un genio entre los genios

 

En los últimos años el cine francés ha ido dando pelotazos cada año con películas cómicas. Desde Tres solteros y un biberón hasta Intocable, pasando por Los visitantes o Bienvenidos al Norte. Películas que han triunfado tanto en Francia como en el resto del mundo logrando sus consiguientes adaptaciones en Hollywood. Sin duda alguna La cena de los idiotas fue una de ellas.

 

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Dirigida por Francis Veber, y basada en una obra de teatro escrita por él mismo, la película narra las andanzas de Pierre Brochant y sus amigos, quienes suelen reunirse para cenar acompañado cada uno de ellos por un idiota. La razón: encontrar al tipo más tonto entre los tontos. Brochant no imagina que su elegido, el señor Pignon, le cambiará la vida poniéndosela patas arriba.

 

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Una trama sencilla para una puesta en escena mucho más simple aún, una sola localización, un dúo interpretativo basado en diálogos brillantes y acciones propias del mejor humor gestual. Es evidente que con La cena de los idiotas se demuestra que, con poco dinero y mucho ingenio, es posible hacer un producto de calidad.

 

Además del humor que desborda el film, la película cuenta con cierta crítica social. Se trata de un afilado retrato de la burguesía francesa, cuánto gusta a un francés poner patas arriba su estatus, de su esnobismo y superficialidad, frente a la sencillez y el sentido común.

 

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Desde luego con una película como ésta, el trabajo del actor que da vida a Pignon es vital. Gran parte del humor del film se basa en su interpretación. Jacques Villeret no defrauda y está a la altura de los grandes cómicos franceses. Su histrionismo, su cara, sus gestos no tienen desperdicio.

 

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Sana envidia es lo que me provocan estos grandes éxitos del cine de humor francés. Sin demasiadas complicaciones, recurriendo al tópico, con ciertas dosis de originalidad, y con mucha brillantez, cada año logran que me ría. Y eso, en estos días que corren, es de agradecer.

 

 

 


Escrito por Martes 19 junio 2012

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