Moonrise Kingdom, el amor en fuga

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PUNTUACIÓN: 9

 

Creo que os lo contaba cuando os escribía desde Cannes: me tenía por un detractor de Wes Anderson. Sus primeras películas (no he visto Bottle Rocket) me parecían tan marcianas, tan fuera del mundo y tan gratuitas, que no lograba conectar en absoluto con el mundo que proponían, a pesar de reconocer, cómo no hacerlo, un mundo propio, un estilo dibujado con tiralíneas. Creo que Anderson se encontró a sí mismo con Fantástico Mr. Fox, como si, obligado a adaptarse a una gramática nueva que le venía como anillo al dedo, hubiera encontrado la forma de canalizar sus obsesiones buscando una emocion más auténtica, más genuina.

 

El arranque de Moonrise Kingdom bien podría ser una escena descartada de Fantástico Mr. Fox. Ocurre en una casa de muñecas, y todos los planos están tan hermosamente compuestos -en la línea tableaux vivant típica de Anderson-, son de una expresividad tan ilimitada, que da la impresión que estás habitando ese mundo. Pero, cuidado, ese mundo es rígido, normativo, y los dos protagonistas, dos fugitivos preadolescentes  querrán huir de él para instalarse en lo que parece el paraíso del primer amor.

 

Anderson ha citado al Truffaut de La piel dura como referencia ineludible de Moonrise Kingdom. En efecto, la película rebosa de comprensión hacia el comportamiento de sus héroes. Comprende, pues, la intensidad de su amor, lo impulsivo de sus acciones, la belleza intrínseca por su obsesión por los fetiches, ingredientes básicos -un tocadiscos, una canción, la portada de un libro- de la constitución de un universo propio, insular, que no puede ser compartido por nadie más. Anderson es como Sam y Lucy: un eterno adolescente, un personaje de Salinger al que le gustaría ser uno de Enyd Blyton, un artista naïf que juega a muñecas con el cine.

 

Cosa que no significa que se lo tome a broma: sabe perfectamente que esa felicidad soleada puede ser flor de un día, o de dos. Toda la película está recorrida por un hálito de melancolía, que cala los huesos de todos los personajes adultos. No hay ninguno de ellos que no quisiera escapar de sí mismo una temporada, o que no envidie a los niños que, con su fuga, les están volviendo locos. Ni el policía triste que escucha a Hank Williams mientras llora por dentro, ni el jefe de los boy scouts que no encuentra su lugar en el mundo ni el matrimonio que ya no sabe qué decirse.

 

El neobarroco de línea clara que practica Wes Anderson presenta, de forma bella y frontal, toda una serie de incidencias -que incluyen un adulterio, la muerte de un perro y un huracán, entre otros- que nos dejan sin aliento y muy, muy conmovidos. Si el cine de Anderson siempre se había caracterizado por su irregularidad, por la disonancia de sus tonos, Moonrise Kingdom te atrapa desde el primer hasta el último minuto. Y lo mas importante: es una película de una sinceridad aplastante, que te besa cuando menos te lo esperas.

 

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Escrito por Viernes 15 junio 2012

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Los comentarios de la película. “Moonrise Kingdom, el amor en fuga”

  1. Raúl dice:

    Salinger creo que está más presente en Rushmore o Tenenbaums que aquí. Me ha parecido encantadora, pero todavía veo en el protagonista a alguien inadecuado.

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