Cautivos del mal: el cine por el cine

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Cautivos del mal quizá sea una de las mejores películas que tiene el cine como argumento principal. Se trata de una lúcida y, a la vez, cínica mirada de su director Vincente Minnelli sobre todo lo que rodea Hollywood. Estamos pues ante un documento, que más allá de la ficción, retrata fielmente lo que se cuece, lo bueno y lo malo, en la industria de los sueños.

 

Esto es Hollywood

 

Un tiránico y manipulador productor de cine caído en desgracia pide ayuda para volver al negocio a un director, a una actriz y a un guionista, a los que ayudó a triunfar. Desgraciadamente para él, los tres tienen sobradas razones para detestarlo. Los tres, en el pasado, sufrieron su falta de escrúpulos con tal de alcanzar el éxito.

 

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Estructurada narrativamente a base de flashbacks, Cautivos del mal va desarrollando al personaje del productor, interpretado por un colosal Kirk Douglas, desde la perspectiva del director (Barry Sullivan), la actriz (Lana Turner) y el guionista (Dick Powell) La visión de cada uno de ellos va retratando a un ser egoísta, tiránico, amoral y malvado. El motivo de todo ello: su amor por el éxito. Esta moderna y arriesgada forma de narrar es aprovechada por Minnelli para dotar al personaje soñador, que hace todo lo posible por cumplir su sueño, un clásico de toda su filmografía, de un lado maléfico nunca visto antes en sus films.

 

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Cautivos del mal, además de un intenso melodrama, de una increíble película, es todo un documento sobre cómo se hace el cine. No habla sólo sobre las profesiones con más glamour, como la de actor, director, productor y guionista, sino también sobre las de los técnicos, ya sea el maquillador o el eléctrico.

 

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Minnelli conoce de lo que habla, sabe cómo se las gastan en Hollywood, de ahí que se permita ciertas licencias y parecidos razonables. Es evidente que el personaje del productor está inspirado en la figura de David O. Selznick, pero el resto está abierto a interpretaciones. Por ejemplo, se dice que la actriz recuerda en ocasiones a Judy Garland, mujer de Minnelli, pero también a Diana Barrymore. Y en cuanto al director, hay quien cree que se asemeja bastante a Alfred Hitchcock. En fin, que para gustos, los colores.

 

El cine está lleno de idealistas, pero también de sádicos. Como en cualquier otra profesión, hay buenos y malos. El oropel que desprende este mundo de fantasía no debe enturbiar su realidad. Minnelli así lo entendía y no es el único. Billy Wilder y su obra El crepúsculo de los dioses también nos muestra este submundo, al igual que Robert Aldrich y su majestuosa ¿Qué fue de Baby Jane? No es oro todo lo que reluce.

 

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Escrito por Viernes 8 junio 2012

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