El demonio de las armas: los franceses también saben copiar

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La nouvelle vague no es un fenómeno aparecido por generación espontánea. Tras este movimiento hay cientos de películas y directores que fueron poco a poco sembrando las teorías de un grupo de jóvenes franceses. Entre todas ellas se encuentra, sin duda alguna, un film bastante desconocido y poco visto como es El demonio de las armas.

 

Una auténtica femme fatale

 

Dirigida por Joseph H. Lewis, especialista en films de serie B, y con guión de Mackinlay Kantor y Dalton Trumbo, la cinta adapta el relato breve Gun Crazy del propio Kantor, que se inspira libremente en la vida de Bonnie Parker y Clyde Barrow.

 

La película narra la historia de Bart Tare, un veterano de la Segunda Guerra Mundial,  un hombre emocionalmente desequilibrado que desde que era niño vive obsesionado con las armas. Cuando conoce a Annie, una mujer fatal, se deja arrastrar al mundo del crimen. Unidos por su afición a las armas, la relación de la pareja desemboca, entre atraco y atraco, en un torbellino de pasiones y situaciones peligrosas.

 

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El demonio de las armas es una muestra de cine negro, pero un tanto peculiar. La acción no se desarrolla en un entorno urbano sino rural, y prácticamente durante el día y no por la noche. Hablamos casi de una road movie con violencia, robos, asesinatos, sensualidad, persecuciones y mucha pasión. Un amor desbordado que roza casi la sumisión y la dominación. Estamos pues ante algo más que un film de cine negro.

 

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Mención especial requiere la construcción de los dos personajes principales interpretados por una Peggy Cummins espectacular y un increíble John Dall. Ambos componen sus roles con absoluta perfección, desde lo introspectivo, del interior al exterior. Sus perfiles psicológicos tan bien descritos gracias a la pluma de Trumbo son perfectamente interpretados por esta pareja que, sin duda, pasará a la historia del cine por este film.

 

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Esta película no sólo será recordada por sus actores sino más bien por una secuencia, un plano secuencia que se estudia en todas las escuelas de cine del mundo y que deja de manifiesto el buen hacer de su director, su originalidad y su futura influencia en el cine francés. Se trata del momento del robo al banco. Bart sale del coche dispuesto a llevar a cabo su fechoría y Annie espera dentro del coche. Allí precisamente Lewis sitúa la cámara, en el asiento de atrás. No se moverá de allí en todo el atraco. Aquí está:

 

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En el libro de entrevistas de Peter Bogdanovich, Who the devil made it,  Lewis explica que en el guión esta secuencia ocupaba unas diecisiete páginas para un sólo plano de casi cuatro minutos hecho en una sola toma. Quizás estemos ante el ejemplo perfecto de por qué la nouvelle vague escogió este film como indispensable.


Escrito por Miércoles 6 junio 2012

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