Duelo al sol: pasión desenfrenada
Existen películas que sólo se recuerdan por una secuencia o un momento determinado, Duelo al sol es una de ellas. ¿Quién no recuerda su final? ¿Quién no se acuerda del ese beso entre Gregory Peck y Jennifer Jones? Quizá no sea lo mejor de la película, incluso tal vez peque de excesiva pasión, de melodrama intenso, pero tiene ese algo intangible que lo convierte en historia del cine.
Duelo al sol, dirigida por King Vidor, bueno más bien por David O. Selznick, en 1946 es en apariencia un western, pero en realidad se trata de un melodrama pasional, irracional y cercano al paroxismo emocional. Lo tiene todo para la lágrima fácil: una protagonista huérfana, el padrastro malvado, dos hermanos enfrentados y un amor imposible.
Pearl (Jennifer Jones), una joven mestiza es enviada a vivir a Texas, al rancho del estricto senador McCandless (Lionel Barrymore). La joven india llama la atención de los hijos del senador: el siempre educado y cortés Jesse (Joseph Cotten) y el salvaje e impulsivo Lewton (Gregory Peck). Pronto los dos hermanos rivalizan por el amor de la atractiva chica.
Esta historia de Abel y Caín desarrollada en el salvaje oeste y con una mujer por en medio, nos ofrece una nueva faceta interpretativa de Gregory Peck. Por extraño que parezca, y posiblemente por primera vez en su vida, Peck hace de chico malo, él es Caín y Cotten es Abel. Lo cierto es que cuesta verle en este rol, ya que es difícil quitarnos de la cabeza su papel como Atticus Finch.
Además de Peck y Jones, nominada al Oscar por su papel, en este film destaca la interpretación de Lillian Gish, quien tras una exitosa carrera en el cine mudo, con esta película regresaba a lo más alto siendo nominada como mejor actriz secundaria al Oscar. Su maestría es evidente, su actuación digna de recordar. A gente como ella, los pioneros, le debemos la importancia del cine en nuestra historia reciente.
Duelo al sol no es sólo su trágica y tormentosa secuencia final. Esta película también contiene otros momentos estelares como las numerosas apariciones de Jennifer Jones poniendo de manifiesto todo su sex appeal, la doma del caballo por parte de Gregory Peck o la despedida de Lillian Gish.
Hay películas que se hacen por encargo… pero esta se hizo por amor. David O. Selznick produjo este épico western para lucimiento de su novia Jennifer Jones. Así, por este bienvenido capricho, podemos disfrutar de una entretenida y apasionada historia de romances y rivalidades familiares con legendarios personajes y final memorable. En definitiva: una gran película.
Escrito por Jueves 24 mayo 2012

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