El Apartamento: la lucha por la dignidad del hombre normal

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Billy Wilder tiene una forma de mirar diferente y el mayor exponente de ello es El Apartamento. Elige como protagonista de una historia de amor a un trepilla de oficina que cede su casa a sus jefes para que tengan citas sexuales y así él poder ascender en su empresa. Cualquier otro director hubiera centrado su mirada en los amantes que se citan en la casa, pero jamás en el tipo que deja su apartamento para el encuentro erótico festivo. Pero Wilder, que es un experto en mirar la realidad de través, en fijarse en los tipos normales en los que no se fija nadie, en saber rascar ironía y mordacidad de cualquier situación sin quitar bondad a sus criaturas, dio el protagonismo a Jack Lemmon y contó esta peculiar historia.

 

Usos alternativos para una raqueta de tenis

 

Vi El Apartamento en El Pequeño Cine Estudio de la calle Magallanes de Madrid, durante un verano asfixiante y monótono. Acababa de sufrir una decepción laboral muy grande, y esta película alivió mi alma. Porque todo lo que me contaba Wilder lo reconocía: las ambiciones profesionales y las miserias que conllevan, las empresas con su deshumanización y sus juegos de poder, la pérdida de dignidad cotidiana, la soledad de una casa en la que no te espera nadie, la mala suerte de los bondadosos, y sí, el amor como único respiro en la vida.

 

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Enseguida nos metemos en esta historia en la que Jack Lemmon se presenta a si mismo, a su empresa y sus sueños de ascenso. Claro que sólo hay un pequeño problema: se ha enamorado de una linda ascensorista a la que da vida Shirley MacLaine, que es una chica corriente, pero se nota que tiene personalidad y encanto. Lástima que esté liada con el jefe de Lemmon y se acueste con él en el apartamento de nuestro prota.

 

Tanto como MacLaine como Lemmon son dos víctimas que van a ser devoradas en la jungla de la gran ciudad, van a ser pisoteadas, todo les va a salir mal, pero menos mal que la una es para el otro un acicate para rebelarse contra la tiranía y recuperar la dignidad.

 

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Porque Wilder nos habla de cómo perdemos la dignidad en el trabajo haciendo un favor al jefe para tener éxito a cualquier precio (total, ¿qué más da que yo le preste la llave de mi apartamento a mi jefe y me pele de frío en la calle si con ello subo como la espuma en el curro?) Nos habla de cómo el amor es el aldabonazo en la conciencia que nos hace despertar y si somos valientes, rebelarnos.

 

De decepción y amargura está trufada la vida laboral, y Wilder explora ese mundo  como un precursor de la serie Mad Men, por ejemplo. El Apartamento tiene un endiablado ritmo narrativo, hallazgos visuales realmente afortunados como cuando Lemmon se refleja en el espejo roto de la polvera de su chica, o cuando escurre espaguetis con una raqueta, o la impresionante secuencia en la que salva a MacLaine de una sobredosis de pastillas y sí, nos enseña lo que es ser un hombre, un Mensch en palabras de Wilder.

 

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Ya sabíamos que Wilder era muy buen guionista (en el apartado del guión no hay que olvidarse del magnífico I.A.L Diamond, al que siempre Wilder parece que hace sombra) pero en El Apartamento demuestra lo buen director que es. En esta comedia amarga que nos arranca sonrisas tristes y que hace un homenaje a los don nadies, a los mediocres de este mundo, a la gente normal que aguanta trabajos monótonos y humillaciones todos los días, a la que nadie viene a salvar, a los que no son héroes, a los que bregan con vidas limitadas y grises. Porque sí, Wilder hizo esta película para todos nosotros.


Escrito por Domingo 20 mayo 2012

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Los comentarios de la película. “El Apartamento: la lucha por la dignidad del hombre normal”

  1. Antonio Lara dice:

    Fernando Trueba en 1994 al recibir el Óscar por su película Belle Époque, dijo:

    “Me gustaría creer en Dios para agradecérselo. Pero solo creo en Billy Wilder, así que, gracias Mr. Wilder”.

    Al día siguiente Billy Wilder le llamó por teléfono y le dijo:

    “Hola Fernando, soy Dios”.

    Entonces, ¿no has visto a Dios hacer películas?