El eterno encanto de Sara Montiel

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El amigo Alberto Ferreras, que acaba de publicar la novela B de bella, se ha ofrecido a ejercer de cronista de la presentación de Saritisima en la Gran Manzana y nos ha enviado la siguiente cronica.

La diva española recibe un homenaje en Nueva York

Con Sara Montiel uno no sabe por dónde empezar.

Podemos empezar con un lugar de la Mancha —del cual muchos se acuerdan—, el pueblo de Campo de Criptana donde nació, y donde un Molino del siglo XI ha sido consagrado como el museo Sara Montiel.

Podemos empezar por sus años en México, donde hizo más de una decena de films, y donde rechazó dos guiones de Buñuel: “dos películas que fueron un fracaso” nos aclara ella, para corroborar que tenía mejor criterio que el legendario director.

Tambíen podríamos empezar por “Piel Canela”, la película mexicana que consiguió que los productores de Hollywood la descubrieran, y de cómo después de hacer películas con Gary Cooper, Rod Steiger, Joan Fontaine y Mario Lanza, decidió romper su contrato con la Warner porque estaba harta de que le dieran papeles de india Sioux.

 

 

O podemos empezar por el verdadero principio, el dia en que su abuela -agobiada por la miseria en que vivían en su pueblito de la Mancha- se enteró de que la madre de Sara había quedado encinta y la llevó a una curandera para que interrumpiera el embarazo.

El tratamiento surtió efecto, la madre de Sara perdió un bebé, pero meses más tarde descubrió que todavía tenía dentro a otro: una niña que nació con dos placentas y a quien llamó María Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora Abad Fernández, y que se haría famosa con el seudónimo de Sarita Montiel. Ya desde el vientre de su madre estaba claro que Sara tenía una voluntad de hierro.

Pero yo creo que deberíamos empezar por el final. Por lo que acaba de ocurrir en el Instituto Cervantes de Nueva York, donde Sara se presentó para dar una rueda de prensa y para que le hicieran un merecido homenaje.

Yo, que soy bastante escéptico, me preguntaba: “¿Pero para qué viene Sara Montiel a Nueva York? No está vendiendo un disco, no esta vendiendo un libro, ni siquiera está vendiendo una película.” Claro, de lo que no me había dado cuenta es de que cuando llegas a la edad de Sara, y has vivido lo que ella ha vivido, no te hace falta vender nada: tu sola presencia es un espectáculo.

Sara vino para contar las historias de su vida. Quizá es de allí de donde viene la frase “vivir para contarlo”: si vives lo suficiente, llega un momento en el que ya no te importa lo que dicen los demás y eres capaz de decir lo que te da la gana. Esa es la fascinación que Sara sigue siendo capaz de ejercer en su público.

Sara venía de presentarse en el Instituto Cervantes de Chicago, y en la Universidad de Cinicinatti, donde se le hizo un tributo por ser considerada un ícono entre los gays. Basta verla en su tercera edad, arreglada, maquillada, cubierta de joyas y pletórica de desenfadadas historias que mezclan la celebridad, la política y el arte, para entender el lugar que su hiperfeminidad le ha logrado entre la comunidad homosexual.

 

 

“No me vayais a preguntar cuantos años tengo… porque detesto decir que tengo 84 “, bromea al iniciar su rueda de prensa en el Instituto Cervantes de Nueva York. “Eso si, os advierto que yo al mediodía no sé ni como me llamo… yo empiezo a funcionar desde las 8 de la noche en adelante. Tengo tensión nocturna me dijo el médico”

Por un momento me da miedo que la conferencia sea un desvarío, un largo discurso en el que la diva celebra su propio éxito. Pero pronto descubrimos que Sara no está allí para celebrar su vida. Está alli para confesar.

Confieso que me encanta Nueva York” nos dice, e inmediatamente nos cuenta del día en que la arrestaron.

“Una tarde salí de paseo por la Quinta Avenida y me di cuenta que uno de mis anillos -que yo los llamo ‘los faros’ por lo grandes que son- tenía el brillante suelto.

Entonces pasé por una joyería que se llama Van Cleef & Arpels y entré para pedir que me la ajustaran. Ese día, la verdad, yo no iba muy bien vestida. Iba natural, sin pintarme, y con el pelo de cualquier manera. Entonces entré a la joyería con
aquella pinta, y les digo ‘¿Me pueden ajustar este brillante?’ la dependienta apretó un botón y en un segundo eso se llenó de policías que empezaron a interrogarme.

—¿De dónde ha sacado usted esta sortija?

—Es mía, dije yo con un inglés malísimo.

—¿Y donde vive usted?

—En el hotel Plaza, que era el más elegante de Nueva York.

—¿Ah si? ¿En el Plaza? ¿Qué número de habitación?

—Pues no me acuerdo, porque es que siempre me dan la misma.

Quizá fue por la naturalidad con la que la diva se defendió que los policías la dejaron ir, pero sólo para que se volviera a meter en problemas.

En esos años, Sara tenía una relación con el que luego fuera su marido, el director Anthony Man, y sus amigos mas cercanos eran el dramaturgo Arthur Miller,
Marilyn Monroe y la jazzista Billie Holiday. Una noche Anthony hace una reservación para que Sara y Billie vayan a cenar al famoso restaurante “Four Seasons” en Manhattan. El maitre las recibe, y les indica que esperen en el bar. Una hora mas tarde, Sara, quien ya estaba un poco ebria, confronta al maitre y le pide que les asigne su mesa. Es entonces cuando le informan que ella puede entrar al comedor, pero que su amiga afroamericana no. Sara, de temperamento manchego, procede a arrancar los manteles de todas las mesas que la rodean.

“Ahora estoy mas tranquila- ahora me llaman perra y yo ni me inmuto– pero en esa época yo no era así. Total que tiré de los manteles y salieron los platos volando. Me cargué como cinco mesas, y claro me detuvieron y llamaron a la policía. Armé un revuelo de miedo. Me pusieron una multa de $600 que hoy no es casi nada, pero en esa época era un pastón. La pobre Billie solamente me decía ‘Come on Sara! Come on Sara!’ pero claro, es que ya me había cargado cinco mesas.”
Sara habla de sus romances; de su primer amor, el dramaturgo Miguel Mihura, del poeta León Felipe quien se enamoró de ella “como era lógico” añade la diva: “Es que en esa época yo estaba como un tren“. Con un guiño nos habla de los “huevos de Marlon Brando” a quien conoció en la cafetería de la Warner cuando él filmaba “Sayonara”, y quien un día se presentó en su casa exigiendo los Huevos Manchegos que Sara le había prometido cocinarle.

 

 

Nos habla de sus amoríos con Gary Cooper, de cómo —al no saber hablar inglés— se había aprendido las líneas de su papel en “Vera Cruz” fonéticamente. Un asistente burlón la convenció de que en la línea “Do you want to fight with me” la palabra “fight” se pronunciaba “fok”. Cuando Sara le dijo el parlamento a Cooper, el otro contestó “Yes!” y a partir de ese momento Sara se convierte en su “Montielita”.

Los mal pensados sospechamos que quizá Sara se casó con Anthony Mann para conseguir papeles en Hollywood, pero, como si nos leyera el pensamiento, Sara nos aclara que ella fue la que le consiguió proyectos a Mann:

“Tony no era un director de mujeres, el hacía bien los westerns, dirigió todos los exteriores de “Lo que el viento se llevó”, y de “Ben Hur”. Él descubrió a Anthony Perkins y Ava Gardner, pero hizo “El Cid” gracias a mí. Yo estaba haciendo una película en Ronda y le gustaron tantos los exteriores, que le dije ‘hay un western que podrías filmar aqui en España: la historia del Cid’ y hablamos con un historiador para que nos contara lo poco que se sabía de su historia. Hicieron un guión muy bueno, y contrataron a Sofía Loren y Charlton Heston. Me ofrecieron el papel principal, pero mi productor dijo que yo no debía hacer de Doña Jimena, porque no me iba el papel de una mujer que espera por su marido“.

De Hollywood le bastaron tres películas. Harta de recibir ofertas haciendo siempre el papel de india americana, Sara rompe su contrato con la Warner y acepta una propuesta para hacer 12 películas en coproducción con España, Francia e Italia en el que le ofrecen un millón de dólares por película. “Gané 12 millones de dólares. ¿Para qué quería yo ir a Hollywood a hacer de india Sioux? Cuando Elizabeth Taylor salió en los periódicos por ganar un millón de dólares haciendo “Cleopatra”, yo ya estaba harta de ganarlos. Han pasado 50 años para que un español -Antonio
Banderas- triunfe en Hollywood. No creo que yo fuera tan especial, pero un poco especial si sería ya que tardaron 50 años para encontrar a otro español que llegara a donde había llegado yo.

Pero llegaron los años del “destape español” y Sara se desencantó del cine.

En esos tiempos empezó a dar conciertos por todo el mundo. Sorpresivamente uno de los presentes en el homenaje se levanta y se identifica como uno de los bailarines que se presentaron con ella hace décadas en un teatro de Buenos Aires. El hombre nos cuenta cómo los productores del espectáculo ordenaron a los integrantes del coro que no se acercaran a la estrella. Sara inmediatamente completa su historia relatando como, molesta por las instrucciones de los productores, ella les dijo a sus colegas, “acercaros a mí todo lo que querais, que si se quejan los productores ya veréis lo rápido que me pongo afónica”.

 

Inmediatamente otro asistente se identifica: la conoció en el año 65 cuando estuvo en Brasil filmando la película “Samba“. Él era un chico de 16 años, y ella le firmó el primer autógrafo que la diva dio en suelo brasileño. Sin perder un instante, el fan nos muestra la foto firmada por Sara que ha atesorado por casi cincuenta años, y empieza a recitar una línea de “Pecado de Amor“, su película favorita, que ha visto mas de doscientas veces. Sara lo recuerda perfectamente, y mirándolo a los ojos, recita con él al unísono. A partir de ese momento el auditorio entero empieza a luchar por contener las lágrimas. Como buena diva, la Montiel no se olvida nunca de sus fans.

“¿No tiene usted ganas de retirarse y descansar?” le preguntan.

Si descanso me aburro. A mí me encanta sorportar a los periodistas porque ése ha sido mi trabajo: soportarlos toda la vida. Yo le doy gracias a Dios porque he tenido el privilegio de trabajar en lo que me hace feliz, porque es lo que he querido siempre ser: cantante y actriz de cine. Cuando hice “El último Cuplé” no me querían dejar cantar, pero la que iba a doblar mi voz renunció al último momento. Ya estaba la orquesta del Liceo de Barcelona preparada para grabar cuando me llamó el productor y me dijo que tenía que correr al estudio a cantar las canciones. Esa noche había salido con Lola Flores y me había acostado a las 5 de la mañana, pero me fui allí, les pedí que cambiaran los arreglos —porque no eran para mi registro— y grabé las 9 canciones en un día. La orquesta entera del Liceo me aplaudió con sus instrumentos, que es cuando sabes que los músicos te están aplaudiendo de verdad”.

“Antes era más dificil ser famoso: ahora tienes más medios, tienes la televisión… Antes, una pelicula tenía que gustar mucho para que reventara en todos los paises del mundo – eso sólo pasaba con films como “El ultimo cuple”. Hoy en día las chicas pasan de modelo a actriz aunque no hayan estudiado. Lo que le digo a la gente joven que quiere dedicarse a esto, es que, aunque hagan una mala película, que lo hagan lo mejor posible, porque el amor que tú tienes por tu carrera se lo das tú solo. Tú debes ser el alma de tu carrera.”

Es cierto. Uno extraña la belleza de Sara que aún se adivina bajo su rostro maduro. Pero viéndola, me doy cuenta de lo maravilloso que es estar en la presencia de un diva envejecida; alguien que nos recuerda que la vida es corta, que todo lo que tenemos es sólo momentáneo, y que no importa la edad que tengas, siempre puedes conservar la capacidad de fascinar y conmover al público.

“A veces veo mis películas y digo… ‘¡coño! ¿Yo era así de guapa?’ Pero mi belleza siempre fue un handicap. Me molestaba mucho que se fijaran tanto en mi belleza y no apreciaran mi actuación, porque yo me considero una buena actriz.”

Ya para terminar, Sara se pronuncia con la afirmación más enfática de la noche.

Yo no le debo nada a nadie en Hollywood. Todo lo que tengo se lo debo a mi madre, una peluquera que no sabía ni escribir su propia firma, que firmaba con sus huellas digitales.”

Fue entonces cuando finalmente entendí por qué Sara Montiel sigue presentándose, aunque no tenga ni un disco, ni un libro, ni una película para vender. Sara se presenta para recordarnos que la gente que realmente te puede ayudar en la vida, no es ni la más culta, ni la más guapa, ni la más poderosa. Y quizá es por eso que, tanto en su rueda de prensa, como en su homenaje en Nueva York, el público la aplaudió de pie.

 

Por Alberto Ferreras

desde Nueva York


Escrito por Domingo 6 mayo 2012

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Los comentarios de la película. “El eterno encanto de Sara Montiel”

  1. Daniel D Martin dice:

    Siempre ejemplo de tenacidad y perseverancia ,Sarita se ve muy saludable a sus 84 ,pronto 85
    salud y larga vida guapa!
    las pesetas que no te falten !