Ray Liotta, magnético canalla, traidor e incluso héroe

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Descubrí a este actor de careto poco convencional haciendo de su tocayo ex convicto Ray Sinclair en Algo salvaje, maltratando a la muy suelta Melanie Griffith que le había dado la vuelta, como a un calcetín, a la vida del anodino Jeff Daniels en aquella divertida comeida negra de un muy en forma Jonatthan Demme ochentero.

Entonces fue difícl empatizar con Liotta: su personaje, a pesar de su magnetismo, era demasiado caricaturesco, el ogro del cuento, el perverso sin fisuras a quien nadie quiere parecerse, o por lo menos admitirlo en público.

Pero cuatro años después el sátiro de Scorsese (que también se había enamorado de él viéndolo en Algo salvaje) sí logró que lo considerásemos Uno de los nuestros al colocarlo junto a monstruos como Robert de Niro, Paul Sorvino y Joe Pesci en su peliculón de 1990.

Porque la mafia no es más que un reflejo exagerado de nuestras miserias, ambiciones y sed de poder, riqueza y de saltarnos las normas establecidas.

Y así como Henry Hill, el personaje (basado en uno real) de Liotta, que siempre ha querido ser un ganster como los que tenía de vecinos, se va introduciendo y fascinando en la familia en la que Scorsese lo sumerge con sus estilosos planos secuencias, iguales que una larga esnifada de cocaína, el espectador se va sintiendo igual: seducido por un universo de bestias, asesinos y violentos, ladrones, extorsionadores y vengadores.

Un infierno con traidor, terriblemente entretenido, en manos de ese demonio de Marty, al que descendemos a través de los ojos azules de Ray/Henry, con su aparente inocencia y su pétrea transformación en un diablo más, ante la impotencia de su chica, una espléndida -como siempre- Lorraine Bracco.

Los parecidos razonables con el Judas bíblico no son mera coincidencia.

Luego hemos visto a Liotta repitiendo el cliché de chico malote en Falsa seducción, intentando escapar de Absolom y en una de las escenas culinarias más repelentes de toda la historia del cine, comiéndose sus propios sesos cocinados por el chef Lecter en Hannibal, por gentileza de un Ridley Scott que recoge la antorcha de la saga caníbal que popularizó Demme.

Pero no seamos crueles con Liotta, que como nosotros, también tiene -algunos- días buenos: fue el gemelo de un Tom Hulce minusválido psíquico en La fuerza de un ser menor, un padre viudo en Corina, Corina y hasta puso todo de su parte para salvar al animal (muy a su pesar) de moda en Operación elefante.

Siempre con un destello perverso en su torva mirada, como si albergara algunas ideas venenosas.


Escrito por Viernes 20 abril 2012

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