George Sanders, aquel sólido dandy manipulador
Se le recuerda por haberse casado con dos de las hermanas Gabor y por ser el azote de Anne Baxter en la magnífica Eva al desnudo, por cuyo papel de columnista teatral Addison de Witt se llevó su único Oscar.
Su personaje tiene un momento memorable cuando aparece, acompañado de una joven Marilyn Monroe, “recién licenciada en la escuela de arte dramático de Copacabana” (geniales los diálogos de esta película) en la agitada fiesta de cumpleaños de la pareja de Margo Channing (una descomunal Bette Davis).
Luego empuja a la starlette a que vaya a hablar con un empresario teatral, algo que la rubia hace a pesar de que el objetivo le parezca un infeliz. “Es que lo es”, responde el periodista.
Pero el do de pecho del personaje que borda con sobrado cinismo, sigilo e ironía el gran Sanders lo ofrece en el tercer acto, cuando le confiesa a la ambiciosa Eva que él va a ser su dueño a partir de ahora, que sus traicioneros planes sentimentales se irán al garete y que, a pesar de todo, hará esa misma noche una gran actuación.
Y es que él conoce el gran secreto del personaje de la peligrosa Anne Baxter.
Eva ha encontrado la horma de su zapato.
Gran final, dulce venganza del destino, que aún tendrá un giro sorpresa guardado en forma de aparentemente ingenua y jovencísima admiradora: Phoebe.
Basada en un relato publicado en la revista Cosmopolitan , inspirado a su vez en un hecho real como tantos que se dan en el mundo del espectáculo, Eva al desnudo se tituló en principio Best performance y por órdenes del mandamás Zanuck, el personaje de Margo lo iba a hacer Marlene Dietrich mientras que José Ferrer sería el sibilino Addison de Witt.
Pero Mankiewitcz se opuso a aquellas imposiciones y gracias a su empeño la Davis (sustituyendo a una lesionada Claudette Colbert, primera estrella prevista por el genial cineasta) y el desasosegante Sanders forman parte de esta joya irrepetible.
En ella este actor británico nacido en San Petersburgo borda a ese personaje que mira a los demás por encima del hombro, que va tejiendo silenciosamente una tela de araña en la que atrapará a la nueva reina del mundillo teatral y que, con su porte aristocrático, derrochará ambigüedad, alta inteligencia y socarronería.
Un rol basado en un poderoso crítico de Broadway de la primera mitad del siglo XX que, con su relato del ascenso de Eva Carrington, abre y cierra esta inolvidable película.
Imposible no memorizar aquel escupitajo en forma de palabras que le lanza a Eva: “Eres una persona inverosímil, Eva, y yo también lo soy. Eso tenemos en común. También el desprecio por la humanidad, la incapacidad para amar y ser amados, insaciable ambición y talento. Nos merecemos el uno al otro…”
Sanders había trabajado ya con Mankiewicz en El fantasma y la señora Muir, poseía una voz extraordinaria y dicen que escribió un libro que publicó con pseudónimo.
Y aunque se suicidió cerca de Barcelona -como había anunciado mucho antes a su amigo David Diven- cuando tenía 65 años, cansado y aburrido de la vida, en su filmografía no sólo está Eva al desnudo, sino también otras joyas como Rebeca, Los contrabandistas de Moonfleet e Ivanhoe que demuestran que su presencia elegantemente seductora no es habitual ni en la ficción del cine ni en la realidad del mundo fuera de la pantalla.
Escrito por Miércoles 18 abril 2012






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