Battleship, hundidos en la miseria
PUNTUACIÓN: 3
Puedo aceptar a regañadientes que Michael Bay tenga sus fans. Puedo aceptarlo y entenderlo: es un auteur como la copa de un pino, aunque sus ruidosas ensaladas de chatarra, explosiones y patriotismo me producen una intensa fatiga. Al menos, eso sí, tienen la virtud de lo abstracto: sus hipérboles te conducen a un estado hipnótico, como previo a la vigilia, en el que pierdes la noción del ‘estar aquí, estar ahora’ que debería comunicar toda película de acción que se precie de serlo. Dicho esto, lo que sí me toca un poco la moral es sufrir un sucedáneo de Michael Bay. Lo que faltaba.
Es fácil atacar a Battleship allí por donde más duele: que si la crisis de Hollywood, que cómo se les ocurre adaptar el juego de los barquitos (nombre oficial: Hundir la flota), que nadie tiene ideas, que todos van en busca del negocio y el merchandising, que el cine es lo de menos. Estoy seguro de que hay cineastas -pienso en Paul Verhoeven- que serían capaces de sacar una buena película de un juego de mesa. Los hay, pero no son Peter Berg, que se limita a copiar los patrones de Transformers sin sacarles partido.
Me molesta la torpeza de la imitación. Que el estilo se parezca al de Michael Bay, pero sin su demente osadía. Que las escenas de acción sigan sin entenderse, pero que hagan un esfuerzo para alcanzar la comprensión del público. Que el patriotismo machirulo y barriobajero de Bay se transforme en un aparato propagandístico de oficina de reclutamiento, como recordando la era dorada de América bajo la batuta de Reagan y señalando con el dedo a los nuevos culpables (¡Corea del Norte!).
El enemigo, Dios nos libre, no está entre nosotros: es el extraterrestre, El Que Viene de Fuera. Se reproducen los mismos tópicos militaristas, se invita a un veterano de guerra mutilado a que saque el hocico entre plano y plano, se propone la hermandad entre yanquis y japoneses (es lo más progresista de una película que aplaudirá el Tea Party), se llama a Liam Neeson para que dé el número de cuenta y, mientras tanto, el mundo se acaba.
Hay marinos muertos y héroes en capilla, desastres que devienen caminos de redención,. un rebelde que lima las aristas de su arrogancia matando alienígenas mientras supera el duelo por la muerte de un ser querido. Una sarta de tópicos que aburre hasta al más dispuesto. La única escena que me hizo gracia es la que intenta reproducir el sistema estratégico del juego en un relato que, por otro lado, lo ignora por completo.
Escrito por Miércoles 18 abril 2012

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