Take Shelter, como una ola
Si Roman Polanski nos metió el miedo en el cuerpo enfrentándonos a la locura en estado puro, Jeff Nichols hace lo mismo despojando a su objeto de estudio de todas las neurosis que el personaje de Catherine Deneuve en Repulsión llevaba en la mochila. Es decir, el Michael Shannon de Take Shelter no está solo, no teme al sexo contrario, tiene los pies en el suelo. Después de mostrar su vida familiar, como la de cualquier obrero de a pie, y ver a su esposa y a su hija sordomuda, y comprobar lo mucho que cuenta con él su mejor amigo, etcétera…, cuando pierde la cabeza, el efecto es devastador.
Porque sí, Shannon pierde la cabeza. Empieza a tener visiones apocalípticas, sueños perturbadores que le asaltan mientras está despierto, trabajando o desayunando. Y empieza a avergonzarse, a tener miedo de sí mismo, pero a la vez no puede evitar el hecho de dejarse llevar por su propia locura. El fin del mundo está a la vuelta de la esquina, una tormenta perfecta se acerca, y hay que construir un refugio para protegerse. Es más, hay que hipotecarlo todo, quedarse en la ruina, para salvarse.
Take Shelter es una película sobre la crisis económica. Sobre lo que sienten los que se despiertan con sudores fríos en mitad de la noche porque lo han perdido todo, o están a punto de perderlo. Los que han empeñado hasta la camisa para salir a flote, mientras a lo lejos llega un tsunami. Es una película desasosegante, que te pone la piel de gallina. Es imposible no identificarse con Michael Shannon: con su confusión, con su rabia, con su tristeza, con su falta de esperanza.
Y ello porque la puesta en escena de la película está organizada para que el espectador comparta el punto de vista subjetivo del protagonista, para hacerle partícipe de su estado mental, y para que entienda también la confrontación entre su locura y cómo la perciben los demás, cómo repercute en ellos. La baza no es tanto lo fantástico -y ahí Nichols rivaliza con el Peter Weir de La última ola- sino cómo este dialoga con lo real: y ahí está Jessica Chastain, una actriz como la copa de un pino, para que lo real funcione.
No quiero decir con esto que las escenas de las visiones sean decepcionantes. Todo lo contrario: son terroríficas. Pero es el realismo que Nichols imprime al relato lo que transforma a Take Shelter en una experiencia conmovedora. El diálogo entre Shannon y su madre esquizofrénica, o el disgusto, entre airado y hundido, de Chastain cuando se entera de lo que ha hecho su marido, tocan la fibra sensible. Y eso que es una película exenta de sentimentalismos.
Escrito por Viernes 13 abril 2012

UN NUEVE!!!
Curioso esto del cine. Si yo tuve “la suerte” de verla ayer en la peor sala de mi ciudad, doblada y en unas condiciones de proyección más propias de una de las pesadillas de Curtis que de los siete euracos que me costó la entrada, y aún así, me pareció uno de los dieces más rotundos que he visto en mucho tiempo, no quiero ni pensar cómo la viste tú.
Insisto, curioso esto del cine.
P.d. ESE FINAL!!!