Jerry Lewis, el clown que lloró a mares

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A los que os gustó La vida es bella -no me cuento entre sus fans- deberíais soñar con la película que Jerry Lewis habría hecho con dos ingredientes a priori tan antitéticos como un clown y un campo de concentración. Soñar que podéis verla, rescatarla del olvido, porque alguien en este mundo cruel tiene una copia, quizás el propio Lewis. La película en cuestión se titula The Day The Clown Cried, y tiene toda la pinta de ser la obra maestra que Lewis necesitaba para que los premios Oscar se lo tomaran en serio.

 

El proyecto cayó en sus manos en 1970, en un momento en que sus películas como director habían caído en desgracia. Era un cómico venerado en Las Vegas, era el rey de los programas de variedades, pero la crítica de su país no acababa de valorarlo como él creía merecer (no así los franceses, que lo amaban con locura). Y, de pronto, le propusieron interpretar y dirigir una historia controvertida y emocionante, gracias a la cual daría el do de pecho definitivo (para que os hagáis una idea, su ilusión era llevarla a Cannes).

 

He aquí un clown de mala muerte, un pobre diablo con ínfulas, un miserable expulsado de un circo. Borracho, se mete con Hitler y los nazis. Lo detiene la Gestapo y se lo lleva a un campo para prisioneros políticos. Sus compañeros de barracón le piden que ejerza de payaso, pero sus gags no hacen gracia. Hasta que, detrás de una alambrada, aparecen dos niños que se ríen de sus tropezones. Y llegan más y más niños, y de repente, Lewis encuentra su lugar en el mundo: hacer reír a los niños aunque sea entrando en una cámara de gas.

 

Dudó, no sabía si podía enfrentarse a tan dramático papel. Lewis visitó los campos, se empapó del Holocausto, se adelgazó sensiblemente y se tiró a la piscina. Pero era un proyecto maldito: el productor desapareció con el dinero, Lewis invirtió mucho dinero en acabar la película, pero luego fue demandado porque tiró millas sin tener los derechos del guión. De ahí que The Day The Clown Cried se perdió entre litigios y alimentó su leyenda: es el peliculón imposible que nadie, nunca, podrá ver acabado, dirigido por uno de los cineastas más bizarros y estimulantes de la historia.

 

Me apetecía contaros esto. Hace pocos días Jerry Lewis cumplía 86 años, y algunos de sus films de los sesenta (pienso en El terror de las chicas y El profesor chiflado, por ejemplo) tienen más ideas de puesta en escena que buena parte de la comedia contemporánea. Aunque, si os digo la verdad, si esta película no estuviera hecha, creo que el director actual que le sacaría más partido es Judd Apatow. ¿Se os ocurre algún otro nombre? Mientras tanto, os dejo a Godard hablando bien de Lewis y de esta película maldita.

 

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Escrito por Jueves 29 marzo 2012

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