‘Tenemos que hablar de Kevin’: amor de madre

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Tilda Swinton
Imagen indeleble: Tilda Swinton colocando el cochecito de su bebé al lado de una calle en obras, el taladro penetrando la realidad con sus decibelios, para sofocar un constante llanto, una pesadilla. ¿Alguien puede culpar a esta madre abnegada pero rencorosa de sentirse atrapada en su maternidad, de añorar su trabajo como escritora de guías de viajes, de odiar su inminente vida suburbial, de no soportar la condescendencia de su marido? ¿Es Eva (Swinton) una mala madre o la única que se da cuenta de que su hijo es la encarnación del Mal desde que nació?

La excelente novela de Lionel Shriver se atreve a poner en duda los tópicos amables de la maternidad vinculándolos al origen del Mal. Lo hace desde una sana ambigüedad, desmitificando la armonía y la felicidad que, dicen los manuales, llegan con el nacimiento de un bebé, y a la vez sin compadecer a su protagonista, que a veces es tan cruel como el hijo al que le ha tocado odiar. La directora Lynne Ramsay es menos sutil, y le interesa más comprobar cómo reacciona Eva al sospechar que su hijo es un psicópata.

 

Tenemos que hablar de Kevin

 

Tilda Swinton sería capaz de ser creíble hasta interpretando a una mofeta despistada. En la innata extrañeza de su rostro se inscribe con facilidad la inteligencia, la conmoción, la vergüenza, la falta de esperanza y la desolación de un personaje complejo, siempre al filo de lo imposible. Es tan brillante encarnando la fortaleza traicionada de un espíritu libre como el desvalimiento crónico que aparece después del desastre. Swinton dignifica todo lo que toca, y mientras tanto lo hace misterioso.

La puesta en escena de Ramsay es deslumbrante, a veces incluso demasiado. El rojo es el hilo conductor de la trama, con él -y con un sorprendente diseño de sonido- cose los tiempos pasado y presente, construye una fábula impactante, y subjetiviza el punto de vista, convirtiendo la película en un relato en primera persona sin utilizar el yo de una manera evidente. 

Tenemos que hablar de Kevin es en definitiva una película notable. Ramsay controla con pulso firme los saltos temporales en la trama, es especialmente hábil añadiéndole un plus de inquietud a la angustia existencial de su heroína -esa fiesta con los compañeros de trabajo, esa noche de Halloween fantasmagórica- y consigue que la visión del film sea una experiencia intensa.

Tenemos que hablar de Kevin. Jueves 17 de enero a las 22:00 en TCM


Escrito por Miércoles 21 marzo 2012

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