En tierra de sangre y miel, Romeo y Julieta en los infiernos

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PUNTUACIÓN: 4

 

Es curioso. Angelina Jolie ha conseguido tocarle la fibra sensible incluso a Bernard-Henri Lévy. Tampoco debe de extrañarnos mucho: el filósofo francés es el equivalente de Jolie en el mundo del pensamiento contemporáneo, y también invierte todo su tiempo de ocio en causas humanitarias. En un artículo recientemente publicado en El País, Lévy celebraba el arrojo y la valentía de la Jolie por haber dirigido una película incómoda, que llama al pan, pan y al vino, vino (sic). Lévy se identidica con la Jolie: ambos luchan en el mismo bando.

 

¿Cuál es ese bando? ¿El de la alfombra roja? No, el de los que piensan que los serbios son una raza sanguinaria, unos nazis contemporáneos. ¿Puede tratarse una guerra tan reciente del mismo modo que se trata el de la Segunda Guerra Mundial, que puede analizarse con perspectiva histórica? Quiero decir: si la herida aún está abierta, y el conflicto es tan complejo, ¿no hay que esforzarse por examinar la situación desde una complejidad similar? Podemos estar de acuerdo en la brutalidad de los serbios, pero ¿no hay entonces que intentar que los bosnios no sean únicamente unas víctimas?

 

Hay que celebrar que Angelina Jolie haya debutado como directora con una película que nadie se esperaba de una estrella con glamour. Al menos ha sido coherente con sus trabajos como embajadora de buena voluntad de la ONU. Ha escogido a unos cuantos actores desconocidos, les ha hecho hablar en su propia lengua, ha viajado hasta el lugar de los hechos -perdón, hasta Hungría- para ponerse en situación. El resultado es doblemente frustrante, en cuanto las intenciones están ahí, calentitas y bien servidas.

 

Jolie escoge una historia de amor a lo Romeo y Julieta para retratar las atrocidades de la guerra serbio-bosnia. La víctima es una bosnia musulmana, el verdugo es un serbio con cargo en el ejército. Es una relación amorosa que se convierte en una relación de cautiverio, con evidentes rasgos sadomasoquistas. Y, sin embargo, Jolie no quiere profundizar en ello, no la utiliza como metáfora de la dominación de los serbios frente a los bosnios, de manera que la relación, eje narrativo de la película, queda deslavazada.

 

Una película bélica debe tratar con coraje los horrores de la guerra. Eso no significa que el resultado deba ser tremendista o sensacionalista, como es el caso de En tierra de sangre y miel. Da la impresión de que Jolie, insegura, quiera resolver los evidentes problemas de ritmo de su película a base de pegar bofetadas al espectador. Violaciones, torturas, hasta el asesinato de un bebé… Todo ello para que nos quede claro quiénes fueron los buenos y quiénes los malos en esa cruenta guerra. ¿Era realmente necesario?

 

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Escrito por Viernes 9 marzo 2012

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