En el nombre del padre: de la denuncia a la tragedia

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“Soy un hombre libre y saldré por la puerta principal”, dice Daniel Day Lewis en la película En el nombre del padre. Esta es una historia sobre un mundo imperfecto, sobre la libertad y la justicia. En realidad también Jim Sheridan, su director, reflexiona sobre la paternidad porque quizás lo más original del film es la composición que hace Pete Postlethwaite de ese padre coraje, que bajo su humildad y prudencia oculta una fortaleza inquebrantable.  El gran logro de la película En el nombre del padre es trascender la denuncia para reposarse bajo las aguas del drama. De alguna manera esquiva el riesgo de estar basada en una historia real para encarnarse en ficción verdadera.

 

Pete Postlethwaite: un ejemplo perfecto del buen hacer de los actores británicos

 

Resulta difícil imaginarse En el nombre del padre sin sus dos actores. Sin Daniel Day Lewis demostrando que es el actor de su generación que corre más riesgos, que se entierra bajo sus personajes, y sin Pete Postlethwaite, una revelación que compone con delicadeza y mimo a ese padre preocupado por su hijo.

 

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El guión se basa en uno de los mayores errores judiciales que se han cometido en la justicia británica en un contexto de alta tensión en Inglaterra, cuando el IRA ponía bombas en Londres y ocasionaba matanzas cada dos por tres. En medio de este caos Gerry es un hippy inconsciente e inocente que está en el sitio equivocado, en el momento equivocado.

 

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Otro de los grandes aciertos de la película es cómo los guionistas (Jim Sheridan y Terry George) hacen suya esta historia y la salvan de caer en un circuito previsible y rutinario: el de los pobres inocentes con los que se comete una injusticia y punto.

 

La película busca distanciarse desde sus primeras secuencias del alegato plano. Con el tema de Bono mientras se recrean los momentos previos a un atentado, la tensión va ganando en fuerza y sigue creciendo en las secuencias de los interrogatorios (nunca se ha visto a Inglaterra así) y luego llegamos al largo via crucis de la cárcel donde se fragua la relación verdadera entre padre e hijo, hasta culminar con el duelo silente de los presos mientras escuchamos el temazo de Sinead O’Connor “You made me the thief of your heart”

 

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Y entonces Jim Sheridan despega, como el gran director que es, al sortear los peligros a los que se enfrentaba: el sentimentalismo, el trazo grueso, el no saber coger altura dramática y propia desde el valor documental de la historia, el maniqueísmo, la grisura de lo periodístico. Y por eso merece la pena ver “En el nombre del padre” porque es una gran película que pudo no serlo.

 

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Escrito por Viernes 9 marzo 2012

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