La matanza de Texas: el miedo a lo real

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La primera vez que vi la La matanza de Texas, he de reconocer que no me gustó. Sus excesos me parecieron poco naturales y bastante forzados. Además, su final en plan mascletá fin de fiesta, tampoco acabó de convencerme. Así que durante meses y años, estas razones me mantuvieron convencida del  nulo interés de esta película. Sin embargo, algo me hizo  ver la luz y darme cuenta de la verdadera razón de mi crítica. El motivo principal por el que decía que no me gustaba La matanza de Texas era que me daba mucho miedo. Sólo tras un segundo visionado con la luz encendida y cerca de un bate de besibol pude “disfrutar” de ella.

 

El mítico Leatherface

 

Nunca antes una película de este tipo me provocó tanto terror. Sin ser coetánea de  sagas como la de Viernes 13 o Halloween, en mi cultura cinematográfica sí lo eran -más o menos, todas estas pelis las vi por la misma época- pero la diferencia con ellas era abismal. Y mientras era capaz de reírme o de dormir plácidamente tras ver a Michael Myers o Jason, con los personajes de La matanza no era posible. La razón: la realidad. En la cinta de Tobe Hooper no hay mosntruos que reviven con traumas y razones para matar. Hooper nos ofrece un relato de la muerte porque sí, del sufrimiento por placer, de lo vulnerable que es el ser humano frente a otro más despiadado que él.

 

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La historia es bastante sencilla: Cinco adolescentes visitan la tumba, supuestamente profanada, del abuelo de uno de ellos. Cuando llegan al lugar, donde hay un siniestro matadero, toman una deliciosa carne en una gasolinera. A partir de ese momento, los jóvenes vivirán la peor pesadilla de toda su vida.

 

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Basada o inspirada en la figura de Ed Gein, uno de los más terribles asesinos en serie norteamericanos, fue todo un éxito de taquilla. Su presupuesto mínimo fue superado ampliamente por la recaudación de una taquilla que no fue mundial debido a la censura. En numerosos países fue prohibida por su violencia y sólo tras varios años pudo ser estrenada. Lo cierto es que la violencia es explícita, pero no creo que tuviera mucho más que otras cintas parecidas. El verdadero motivo de por qué esta realidad se hace más dura es, a mí entender, por el tratamiento cinematográfico y narrativo de ésta, la cinta revolucionó el cine de terror, como unos pocos años más tarde lo hizo otro clásico como Holocausto caníbal.

 

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Tanto La matanza de Texas como Holocausto caníbal son anteriores a películas como El proyecto de la bruja de Blair, y por tanto pioneras a la hora de hacer partícipe al espectador del horror en primera persona y de provocar el sentimiento de que pudiera ser una víctima más. Y el mérito de ello se debe sin duda alguna a su director Tobe Hooper, un genio incomprendido que debería estar a la altura de los grandes del género.

 

Tobe Hooper, ¿quién no ha pasado miedo con sus obras? ¿Quién no recuerda su mítica serie Salem's Lost?

 

La película se convirtió en todo un mito, la motosierra utilizada es un clásico en cualquier parque temático del terror. Se cuenta que a Tobe Hooper se le ocurrió un buen día en una tienda llena de gente a la hora de pensar cómo poder avanzar. Evidentemente esta secuencia fue vista por Oliver Stone. ¿Qué pensáis?

 

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Lo peor de La matanza de Texas no es la sangre sino lo real, lo cotidiano, el ritmo tedioso y cansino del principio que es como la vida misma, y que pretende  adentrar al espectador en un ambiente que le traslada al calor de Texas, a un destino sin salida, a lo peor del ser humano.


Escrito por Miércoles 7 marzo 2012

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