Los Taviani recitan a Shakespeare y ganan la Berlinale

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Pensaréis que os estoy vacilando, pero cuando vi Cesare deve morire el sábado pasado, en la Berlinale, pensé que Mike Leigh, presidente del jurado, se derretiría en su butaca. La película de los hermanos Taviani parece filmar el método con que el director de Secretos y mentiras elabora sus guiones, siempre en colaboración con los actores, desarrollando los personajes a cuatro manos, en plan taller de teatro. Y eso es Cesare deve morire: un taller de actores no profesionales, presos de una cárcel de máxima seguridad que ensayan una versión de Julio César que cumple el papel de espejo para sus propias vidas.

 

No es la película que te esperas de dos personas que ya han cumplido ochenta años. Los hermanos Taviani han recuperado la frescura de sus mejores obras, y la originalidad de su propuesta nunca queda mermada por su tosquedad ni por la obviedad de su mensaje más llamativo (“el arte redime a la vida”). Cesare deve morire es un film populista, que se gana a los espectadores con cuatro trucos de teatro de aficionados, y que funciona a pleno pulmón incluso en sus momentos más tópicos.

 

Lo que no significa que se mereciera el Oso de Oro, que era para Tabu, la mejor película de la competición con diferencia. Es evidente -a tenor de su cara de sorpresa resignada y de su impertinente comentario: “Estoy algo confundido. Me dan un premio a la innovación cuando yo creía haber hecho un filme pasado de moda”- que el portugués Miguel Gomes se esperaba algo más que el Alfred Bauer. Su película -dos por el precio de uno- deconstruye un melodrama folletinesco echando mano de la retórica del cine silente y reconvirtiéndola en un bellísimo recuento de imágenes recitadas.

 

Sorprende que una película tan espantosa como la danesa A Royal Affair se llevara no uno sino dos galardones. Académica en el sentido más peyorativo de la palabra, parecía una miniserie condensada para su estreno en cines. ¿A qué miembros del jurado le debía gustar algo tan fuera de lugar (aunque no tanto como Dictado, que se fue de vacío? Por lo que me han contado, Mike Leigh es un hombre con tendencia a imponer sus criterios; es decir, es difícil negociar con él. Me juego lo que queráis a que él es el único culpable.

 

Fue el único desliz grave de unos galardones que premiaron a todo lo que valía la pena en sección oficial, abundante en cine político y social, y que este año tenía un nivel medio bastante aceptable aunque poco brillante. Se agradece, eso sí, que una película tan antipática como la húngara Just the Wind se llevara el Premio Especial del Jurado, porque sabe retratar la tensión de una escalada de violencia que está por llegar -la xenofobia de los húngaros contra la comunidad rumana- sin hacer concesiones a la galería.


Escrito por Lunes 20 febrero 2012

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Los comentarios de la película. “Los Taviani recitan a Shakespeare y ganan la Berlinale”

  1. Alfins dice:

    Probando, probando… un, dos, tres.

  2. Raúl dice:

    Berlinale flojita, eh? Pues prepárate para el que promete ser un Cannes TREMEBUNDO, como aquél de hace 3 años en el que estuvo todo dios. Sí, vaya, no se sabe nada aún, y me baso solo en crónicas de cotilleos, pero… ¿No es acaso excitante pensar en que vamos a ver reunidos a Cronenberg, P.Th.Anderson, Reygadas, Haneke, Kar Wai, Kiarostami, Audiard, Gondry, Wes Anderson, etc? !Contando ya los días!

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