La muerte del señor Lazarescu: cine rumano, cine universal
El señor Lazarescu es viudo y vive solo en un cochambroso apartamento con tres gatos. Una noche, el hombre comienza a sentirse mal y llama a una ambulancia. A partir de este momento comenzará un largo periplo de un hospital a otro con el fin de que alguien lo atienda.
Este sencillo argumento le sirve a Cristi Puiu para mostrarnos la verdadera condición humana, para criticar el grado de deshumanización de una sociedad que tiene en el sistema sanitario lo mejor y lo peor: insensibilidad, burocracia, comprensión, dolor ajeno, desolación… Lazarescu es cierto que quizá no sea el paciente ideal porque es alcohólico, mayor y sin arraigo social, pero eso no significa que no sienta. Por desgracia, los pacientes en muchos casos dejan de ser pacientes para convertirse solo en enfermedades.
Gracias a Lazarescu, Puiu nos presenta, casi de manera apocalíptica, una tragedia personal que, poco a poco, se va convirtiendo en el reflejo de una realidad social común y universal. Porque lo cierto es que todo esto ocurre en el Bucarest post Ceaucescu, pero, a día de hoy, podría suceder perfectamente en un hospital de Barcelona, Madrid, Valencia y, desde luego, de México D.F., Los Ángeles o Nueva York.

Lazarescu en la sala de espera
Lazarescu se presenta como un Dante moderno y actual. Su viaje a los infiernos podría ser el relatado en la Divina Comedia. De la misma forma, en la película hay presentes otras referencias literarias como la de James Joyce y su Ulises. La jornada particular, aunque sea la última, de un personaje contada al detalle, desde lo trascendente a lo nimio.

Cristi Puiu: un director a tener en cuenta
Rodada cámara en mano, a modo de documental, con una iluminación casi tenebrosa, casi natural, como otra gran película rumana de estos últimos años, 4 meses, 3 semanas, 2 días, La muerte del señor Lazarescu camina desde cierta comedia negra al drama más brutal. Ambas películas, dos dramas sociales cargados de una fuerte crítica social, son una muestra perfecta de cómo el cine traspasa fronteras. Una cinematografía tan poco conocida y escasa como la rumana es capaz de hacerse un hueco en un mundo complicado y difícil. ¿Cómo? A base de buen cine e historias reconocibles.
Apoyada en unos diálogos magistrales y unas actuaciones soberbias, Puiu encaja los elementos hasta elaborar una pequeña obra maestra, un ejemplo de cine hiperrealista, que peca de un exceso de metraje, pero que quizá tenga un sentido. La muerte del señor Lazarescu contiene en su historia momentos donde conviven la rutina y monotonía. Supongo que ello es debido al afán del autor de darle la mayor verosimilitud y realismo a su obra.
Lo que más me gusta del cine es que sea un lenguaje universal. Como sucede con otras artes, un espectador español puede sentir lo mismo en una sala de cine que otro búlgaro. Queda claro que no sólo de cine americano vive el hombre.
Escrito por Miércoles 15 febrero 2012

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