Albert Nobbs, ni carne ni pescado

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PUNTUACIÓN: 4

 

Albert Nobbs no engaña a nadie: el plano frontal de Glenn Close nos delatan el disfraz. Hay un desfase entre el traje de camarero y el rostro de cera, inmutable, de su portador. Podría ser la suavidad de los rasgos, aunque el maquillaje ha achatado cualquier arruga de expresión, cualquier cicatriz del tiempo para que el resultado sea lo más andrógino posible. Podría ser el silencio de su piel, que aspira a ser invisible, a librarse de las ataduras del género para pasar desapercibido/a.

 

Todos sabemos que Nobbs es una mujer, porque: 1/es el reclamo publicitario de la película, 2/porque Close ha aparecido en todos los medios informándonos de que es el papel de su vida, de que lo persigue desde hace tres décadas, y que lleva quince años intentando levantar el proyecto, y 3/porque el maquillaje restituye la máscara, pone al descubierto el artificio. Olvídense, pues, de la sorpresa de Juego de lágrimas.

 

Aquí, pues, no hay sorpresa, dado que la tragedia de este hombre ridículo en la Irlanda de finales del siglo XIX es sobrevivir camuflando su Otredad con la pintura blanca de la pared. Es el miedo el que lo retrae, y el que le hace olvidar la mujer que fue. El miedo y la ilusión de cumplir su sueño: comprar una tienda, montar un estanco, casarse, morir. El problema es que Close la minimizado tanto al personaje, se ha esforzado tanto por hacerlo desaparecer, que cuando abre la boca no consigue que le comprendamos o que empaticemos con él, sino que sintamos una pena un tanto tediosa.

Su partenaire en el ring de las mujeres que se visten de hombre para protegerse de la brutalidad del entorno o para vivir su opción sexual desde un secretismo sano y cómplice es Janet McTeer. Su personaje, vale, es más agradecido: más expansivo, más seguro de sí mismo, más emocional. Aunque los consejos que le da a Nobbs son poco creíbles y menos sensatos, la interpretación de McTeer se lleva de calle la empatía del espectador.

 

Es obvio por qué Close ha contratado a Rodrigo García para dirigir esta película: ha trabajado con él y sabe de buena tinta que es un director de actrices como la copa de un pino. Pero en esta ocasión García parece haber puesto el piloto automático, y su trabajo es más bien plano, casi decorativo. ¿Dónde está el arrojo visual de Nueve vidas?

 

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Escrito por Jueves 2 febrero 2012

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Los comentarios de la película. “Albert Nobbs, ni carne ni pescado”

  1. Pedro dice:

    Vaya aburrimiento de peli…