Fiebre salvaje: encadenados a la familia y los amigos

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Durante mucho tiempo me gustaba ver las pelis de Spike Lee por la energía que emanaban y porque casi todo lo que contaba me interesaba. Su peli Haz lo que debas la descubrí en vídeo una tarde tórrida de agosto y era difícil no caer seducida por la frescura, vitalidad y atrevimiento que demostraba el joven director. Así que Fiebre salvaje me enganchó desde el minuto uno por la misma razón: sus historias cotidianas, referencia urbanas muy reales y una energía desbordante que huye de los finales felices y los tópicos buen rollo.

 

Romance interracial

 

Fiebre Salvaje cuenta la historia de un arquitecto interpretado por Wesley Snipes, que se ‘cuelga’ por su secretaria, una italiana martirizada por sus hermanos machistas y abusadores. La relación no es excesivamente romántica ni profunda, pero a ambos se les va de las manos y les obliga a vivir juntos, cuando sus respectivas familias se enteran de la aventura.

 

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El interés no decae en todo el metraje y eso se debe a la interpretación de los actores, a las tramas realistas y unos diálogos chispeantes y creíbles. En realidad el tema de la película es el prejuicio multidireccional hacia las personas cuando éstas se salen de su círculo familiar, social, racial.

 

Sin duda el personaje más conmovedor es el que interpreta, con una sensibilidad asombrosa, John Turturro. Ese vendedor italiano de una tienda quiosco, que tiene que soportar continuamente los comentarios burdos y violentos de sus compis de barrio y que secretamente aspira a una vida mejor, no mejor en lo material, sino mejor en cultura y respeto, en bondad en definitiva, se nos queda grabado en la memoria. Su relación con la clienta negra que le viene a comprar el periódico nunca se me ha ido de la cabeza, y eso que vi la peli hace casi ya dos décadas.

 

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Otro tema que trata Spike Lee es el de la servidumbre familiar: hijos obligados a cuidar de sus padres, en ocasiones tiránicos, padres oprimidos por un hijo yonki que los ‘sablea’ y  manipula. Y sin embargo, el alegato final es que uno no puede prescindir de la familia. La droga como elemento que rompe la espina dorsal de la comunidad negra, las rivalidades entre hermanos, las presiones del grupo social y cómo nos condiciona su reacción ante cada paso que damos en la vida son otros asuntos que explora Fiebre salvaje.

 

Spike Lee, un tipo que ha ido de más a menos

 

La película no es excesivamente dura. Reparte leña contra negros y blancos, pero en el fondo lo que más sorprende es que huye de los tópicos. El amor no lo puede todo ni nadie lleva una vida ideal. La falta de mensaje es alentadora. Sin embargo, quizás lo que más resalte en mi memoria no sea el affaire  entre Sciorra y Snipes. Porque al contrario de lo que se pueda pensar, esta película no cuenta una historia de amor, en absoluto. Parece que va a vender eso y no, al final no lo vende. Eso puede resultar decepcionante o no, pero en realidad lo que cuenta resulta creíble y se parece a la vida, aunque no deje al espectador con una sonrisa al final. En realidad lo que más me impactó es la relación entre Snipes y su hermano yonki, interpretado por Samuel L. Jackson, un actor al que yo descubrí en este film.

 

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En conversaciones con amigos hay opiniones para todos los gustos: que si no se creen a Samuel L. Jackson de yonki, que si no soportan sus bailecitos. Bueno, para mi él es lo mejor de la película y cuando Snipes va a buscarle al palacio del crack, hay algo que me conecta a la peli con la serie The Wire, y esa es la parte que más me gusta.  Esa subtrama y la angustia que inocula bajo nuestros párpados son lo más destacado de Fiebre salvaje.

 


Escrito por Jueves 19 enero 2012

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