Tom Cruise intentando no ser Tom Cruise

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Le seguimos viendo cómo escala modernos edificios con una facilidad mosqueante, luciendo camiseta entallada y con esa sonrisa perfecta marca de la casa.

Tom Cruise continúa explotando su imagen de héroe de acción (cuarentón) en un tipo de cine palomitero y de encefalograma semiplano, pero de vez en cuando nos ha sorprendido saltándose los límites de su propio icono de “ídolo de masas / héroe macho-man / superstar de portada de revista”.

No son muchos, pero vamos a repasarlos.

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Entrevista con el vampiro.

El vampiro Lestat era un personaje por el que suspiraba medio Hollywood.

Sorprendió que fuera Tom Cruise el elegido para lucir su melena, su ambigüedad y sus colmillos. Por lo visto, TC exigía en el rodaje que nadie le mirara a los ojos: aún no entiendo bien por qué.

El resultado es una película perturbadoramente gótica por gentileza de Neil Jordan, que mejoró incluso el original de Anne Rice.

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Magnolia.

Por su breve pero impactante papel de gurú falócrata con problemas paternos y que intenta seducir a la periodista que le entrevista, Tom recibió una nominación al Oscar como mejor actor de reparto del año 1999.

Mucha gente se sorprendió del carácter paródico de un personaje que olía a Cienciología y del tono explícitamente sexual de su discurso.

Quienes dudaban del talento interpretativo del actor se callaron como estatuas: parecía que el chico más bajito de Rebeldes había -por fin- madurado.

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Collateral.

Michael Mann, uno de los directores más estilosos del momento, le regaló a Cruise uno de sus papeles más actractivos… y difíciles.

El de un asesino a sueldo tan frío como mecánico, con un punto autista que le otorgaba aún más poder de amedrentar.

El resultado es brillante, entre otras cosas porque la estrella no abusa de su sonrisa y logra transmitir el tono trágico de una narración en busca del clasicismo, lejos de la adrenalina habitual en las franquicias imposibles que engrosan la cuenta corriente de Tom.

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Eyes wide shut.

Un matrimonio en crisis y un director dispuesto a meter el bisturí en esa herida abierta.

La última película de Kubrick es una pesadilla sobre los celos que, gracias al apoyo financiero de Cruise, se hizo cine.

Cuentan que para rodar alguna de sus escenas hubo que ensayarla demasiadas veces, que la química entre las estrellas protagonistas era fría, por no decir nula, y que el rodaje, como todos los del director de La naranja mecánica, fue un infierno. Cruise, en todo caso, se marcó con este film un gol de calité y cinefilia magno en su carrera.

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Tropic Thunder.

La mejor faceta cruisera para éste que suscribe: el Tom despendolado, feo, gordo, autoparódico y con un sentido del humor que debería sacar de paseo con más frecuencia.

Si previamente hizo algún cameo divertido en Austin Powers, aquí presume de su Torrente particular (Les Grossman) para soltarse la melena y ridiculizar a tanto personajillo que abunda en la industria en la que sigue siendo el rey, por lo menos en el aspecto económico, que es el que manda ahora, ¿o no?


Escrito por Miércoles 18 enero 2012

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