Vincent Price, disfrutando haciendo el mal
Pocos rostros como el de este señor son tan icónicos de un género, que empezó a frecuentar en los últimos años cincuenta tras fogearse previamente en la siempre dura escuela del teatro.
Y menudo filón encontró. El alto y de porte aristocrático actor dio rienda suelta a su querencia por el exceso interpretando a villanos sádicos y egocéntricos, nobles con oscuros secretos y a científicos o artistas que una vez fueron chicos buenos y nobles pero que ahora pasan de toda ética para vengarse de quien arruinó su vida. Y se lo pasó a lo grande.
Price es sobre todo recordado por su incursión en la filmografía de Roger Corman, que adaptó varios relatos de Edgar Allan Poe incidiendo en su lado más psicológico, gótico y retorcido. Pero para muchos sus mejores intepretaciones se dieron en otros títulos.
Por ejemplo, en El general witchfinder da vida a un monstruoso cazador de brujas, un ángel de la muerte que por lo visto existió y cometió todo tipo de sádicos actos. A pesar de lo excesivo, raruno o despendolado del personaje, Price conseguía el milagro de convertirlo en algo parecido a lo real.
Lo mismo que sucedió con su vengativo actor de Theatre of Blood (Matar o no matar, éste es el problema, se tituló en algún que otro país) y el asesino Abominable Dr. Phibes.
Y en casi todas ellas vivía en mansiones que eran una perfecta prolongación de sus enloquecidas almas: góticas, dantescas y tan fascinantes como tenebrosas.
No me extraña que el pequeño Tim Burton quisiera ser como él.
Escrito por Jueves 12 enero 2012

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