Jessica Lange, la bella que enamoró a la bestia (y a muchos más)

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Cuando yo era niño tenía un póster de la película King Kong (la segunda versión) en mi cuarto.
Del monstruo salvaje sólo se veía una enorme mano negra y peluda. No cabía más en aquel trozo de papel.
Pero sobre la manaza se posaba una señora estupendísima que, desde que la descubrí en aquella cinta que algunos desprecian (pero a mí me resulta tan especial que la amo más que la de Peter Jackson, tan digitalizada) me dejó fascinado… hasta el momento.

La foto fija ampliada, obsequio de una de las revistas que compraba mi madre, que yo había sujetado con chinchetas a la pared y que todos los días adoraba, mostraba a la rubia más famosa de Minnesota en una actitud temerosa y asustadiza, mirando hacia arriba, fuera del póster, pero a la vez tremendamente sexy y voluptuosa con algo parecido a un vestido de inspiración indígena que dejaba al descubierto sus hombros y sus magníficas piernas.
Según fui creciendo la Lange se fue quitando el apodo de “chica Kong” para afianzarse como esa actrizaca que ahora es.

En su itinerario logró la proeza de erigirse en la primera intérprete en ser nominada al Oscar el mismo año por dos films: Frances y Tootsie, logrando el madelman dorado por la comedia de Sidney Pollack.
Corría el año 1982 y previamente un adolescente cinéfago como yo había tenido la satisfacción de descubrirla interpretando al ángel de la muerte (vestida de blanco) en Empieza el espectáculo, el magnífico musical testamentario del irrepetible Bob Fosse.
Además, había logrado colarme en una sesión nocturna -y no tolerada para menores como yo- de un cine para verla rebozarse de harina y de Jack Nicholson en el remake de El cartero siempre llama dos veces, en esa escena de la cocina que todas las listas incluyen entre las más hot de la historia del cine.
Ahí ya me dejo k.o.

Por eso agradezo al infravalorado Dino de Laurentiis que se fijara en aquella modelo llamada Jessica Lange, una mujer que empezó a amar el cine viendo Lo que el viento se llevó y que siempre ha dejado claro que ella era actriz antes que nada.
Y con la misma intensidad odio, envidio y admiro a los dos hombres más importantes de su vida: el bailarín Mikhail Baryshnikov y el actor-escritor-cineasta Sam Shepard, con quien comparte el tiempo, dos hijos y un rancho en su Minnesota natal.

En TCM
King Kong Martes 16 agosto Miércoles 31 agosto
En TCM
El cartero siempre llama dos veces Domingo 21 agosto Jueves 25 agosto

Escrito por Jueves 28 julio 2011


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