El jinete eléctrico: Redford cabalga de nuevo

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Me gusta Sydney Pollack. Me gusta cómo cuenta sus historias de amor, como une a dos perasonajes diferentes y extrae sus conflictos, y aún así reverencia esa pasión que los salva del mundo. Sus preocupaciones muchas veces son las mías y su universo es tan reconocible para mí porque quizás yo maduré viendo sus películas y aprendí que las buenas relaciones no son fáciles pero siempre merece la pena luchar por ellas.

Robert Redford es el actor fetiche de Pollack. Este director le ha dado una profundidad como actor y ha sabido escarbar en su interior, en su personalidad, despojándole de la vacuidad de un rostro hermoso que sólo serviría de icono de belleza en las manos de otro director.

En El jinete eléctrico, Pollack vuelve a contar con Redford para narrarnos cómo ciertas personas auténticas, pertenecientes a la épica americana como los cowboys, han caído en desuso por culpa de la voracidad de los tiempos modernos y de la perversión de la publicidad que todo lo fagocita y todo lo banaliza, sobretodo lo genuino.

Redford es un vaquero que ha pasado ya su mejor época y que ahora monta un caballo lleno de lucecitas para anunciar una marca de cereales. Jane Fonda es una periodista moderna que quiere escribir un artículo sobre él, choca con su personalidad pero acabará enamorándose de este vaquero cuando éste decida rebelarse y protestar contra el mundo al descubrir que el caballo que monta para el anuncio está siendo drogado.

En la película sale uno de los temas que más le interesan a Pollack: la pérdida de los ideales, en este caso es la destrucción de lo natural, de lo animal, por culpa de la perversión crematística del hombre. Siguiendo la tradición literaria americana que nos remite a Thoreau y su Walden, Redford decide escaparse a los bosques para desintoxicar a su caballo y, de paso, vivir la vida para que cuando muera no piense que no ha vivido.

La otra espina dorsal de la película es, sin duda, la historia de amor que cuenta. Dos personajes dispares, de mundos diferentes, Fonda y Redford, entre los que salta la química. Es la tercera colaboración de los dos actores tras Descalzos en el parque y La jauría humana. El perfil moderno y feminista de Fonda choca con la tradicional reserva y masculinidad interior de Redford pero eso hace que su amor y atracción mutua funcionen.

El jinete eléctrico pertenece también a una época del cine: la de los años 70 en la que las preocupaciones sociales y políticas de los directores se dejaban traslucir en sus películas. En este caso, Pollack arremete contra el excesivo poder de los medios de comunicación, contra su capacidad de convertir en espectáculo cualquier asunto serio a la vez que canta a la libertad y a la pureza de la naturaleza. Y hablando de cantar, merece destacarse en esta película la intervención de un gran Willie Nelson.

Como siempre en el cine de Pollack, hay entretenimiento, personajes rebeldes e inadaptados y la fuerza de la individualidad frente a la alienación de la masa y el dinero.

En TCM
El jinete eléctrico Lunes 11 julio Martes 12 julio

Escrito por Domingo 3 julio 2011


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