Kirk Douglas, una fuerza de la naturaleza

Estrella hecha a sí misma, pues su cuna fue más que humilde (el apodo “El hijo del trapero” procede del origen de sus padres: campesinos judíos emigrados desde Rusia, pobres y analfabetos), el patriarca Douglas es uno de los rostros más carismáticos del cine clásico, gracias a su constancia, su entrega, su lucha y su perfeccionismo.
De toda su envidiable carrera, éstos son mis cinco Douglas favoritos:
El gran Jacques Tourneur -maestro de las sombras blanquinegras- contó con la bella Jane Greer y los machotes con hoyuelo Robert Mitchum y K.D. a los que se llevó a Acapulco para su película más estimulante y estilizada, un melodrama con toque negro donde la vamp utiliza a su antojo a los hombres malotes (pero no tan sibilinos como ella) que sucumben a sus magníficos encantos.
El final no puede ser más tremendo, y los diálogos ,de una brillantez insuperable. Todo un clásico que gana con cada revisión.
-Cautivos del mal.
Uno de los habituales canallas que encarnó Kirk, aquí como un maquiavélico productor cinematográfico sin escrúpulos, inspirado por lo visto en David O. Selznick y/o Val Lewton.
No deja de ser curioso cómo Hollywood se retrata a sí mismo -en este Los malos y los bellos del título original es V. Minnelli el firmante- dejando claro que aquello es un nido de alimañas: ¿será por fe en la verdad o para desengañar a aquéllos que pretendan hacer carrera en sus estudios? En cualquier caso, esta cinta es una delicia, un fresco humano que pone los pelos de punta.
-El loco del pelo rojo.
De nuevo Douglas a las órdenes de Minelli, que lo consideró como una especie de actor-fetiche, ahora para encarnar, nada más y nada menos, que al más demenciado de los artistas plásticos de todos los tiempos. El parecido físico fue asombroso y le valió a Kirk una nominación al Oscar.
Por lo visto George Cukor rodó alguna escena y este proyecto salió adelante gracias al éxito del Moulin Rouge de John Huston y al empeño de K.D. por encarnar al pintor de Los girasoles. En cualquier caso, un retrato impactante de artista intenso, atormentado e incomprendido en su tiempo.
-Senderos de gloria.
Brutal e hiperrealista alegato antibelicista del desasosegante Kubrick, que -con la ayuda del novelista Jim Thompson- se metió en las trincheras del ejército francés durante la Primera Guerra Mundial para mostrar sus desgarros internos más vergonzosos.
Pero la película, nada complaciente (Francia intentó boicotearla en festivales y estrenos varios), no se hubiera rodado sin el empuje de Kirk Douglas, que, entusiasmado por el guión, logró que United Artist financiara el proyecto. Él -que volvería a trabajar con Kubrik en Espartaco- se quedó con el rol del coronel Dax, papel que acarició Gregory Peck.
-Dos semanas en otra ciudad.
Otro estilizado y desatado melodrama (con ínfulas fellinianas) de Vincente Minelli, otra vez para mostrarnos las tripas purulentas del mundillo del cine hollywoodiense, como hiciese en Cautivos del mal, aunque según algunos sin tanto esplendor, seguramente debido a los “recortes” y “maquillaje” de la Metro, que intentó suavizar su dureza.
Pues se trata de una adaptacion de la muy cañera novela de Irwin Shaw y muestra a los caprichosos, insufribles e inestables artistas que forman el star-system de la fábrica de sueños, desplazados a Roma para rodar una película que intentará salvar un ex-actor alcoholizado con una gran cicatriz sobre los rasgos faciales de Kirk Douglas.
Dime, ¿cuáles son tus Kirk Douglas favoritos?
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Escrito por Miércoles 29 junio 2011
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