Serpico. Contracultura americana
Año 1973. Apenas han pasado unos años de los sucesos en Berkeley. La Guerra del Vietnam da sus últimos coletazos y en EE.UU. se vive una revolución silenciosa. En este contexto, Sidney Lumet dirige una película sobre un policía greñudo, de aspecto hippy y honesto. su nombre es Serpico.

Basada en la novela biográfica del agente Frank Serpico de Peter Maas, la película narra la historia de este policía que se enfrentó a todos sus compañeros por causa de la corrupción imperante en su trabajo.
Con guion del gran Waldo Salt y Norman Wexler, la película es capaz de adentrarnos en la psicología de un personaje complejo, huraño y extraño. Lo importante no es qué sucede sino porqué sucede.
Lumet dirige un film a ratos austero, por momentos sobrio y siempre realista. Convierte la calle en su plató dejando de lado su faceta más teatral y televisiva. Las secuencias, espléndidamente rodadas, se construyen en base al personaje principal, y es tal la naturalidad con la que rueda que, a veces, uno cree estar mirando por la ventana la vecino. Todo lo que ocurre allí es real como la vida misma.
Evidentemente, todo lo anteriormente expuesto es imposible sin contar con un buen actor. En este caso, nuestro hombre es Al Pacino. Éste vive su mejor momento, su época mas gloriosa. Los personajes que interpreta son los más intensos, los más deseados. Y su capacidad para darles vida es inmensa.
Reflexionado sobre la película, y dejando al lado la crítica evidente a los mecanismo de poder y corrupción del Estado, que Lumet nos plantea, el personaje de Serpico es como una metáfora de la contracultura americana. Basta fijarse en su estética, la cual, con el paso del tiempo, cambia hacia lo más excéntrico, habiendo pasado por la pura y ortodoxa estética policial. En el fondo Serpico no es más que la cuña que poco a poco va adentrándose en el tronco para romperlo en mil pedazos. Lo nuevo, lo diferente es el movimiento social que vive gran parte de la juventud en EE.UU. y quiere acabar con los abusos cometidos. ¿A qué me recuerda esto?
En el fondo, Serpico es un Quijote, alguien cuya locura -en su caso la honestidad- no le permite ser como el resto de mortales, de ahí que deba enfrentarse a los molinos de viento con la mejor de sus armas: la verdad y la conciencia tranquila. Al no entenderle nadie, arrecia la melancolía y la tristeza, sentimientos que Mikis Theodorakis, autor de la banda sonora, sabe mejor que nadie acompañar con su bella partitura.
| En TCM | ||||
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Escrito por Miércoles 22 junio 2011
Totalmente de acuerdo contigo, Serpico es una peli perfecta ver un 15 de mayo.