(John) Ford, ese ¿gran? hombre

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Veo que El gran combate podrá verse en la programación de junio de TCM y no puedo resistirme a hojear el libro que Lindsay Anderson escribió sobre John Ford cuando trabajaba en la revista Sight & Sound, y publicó cuando ya era cineasta rebelde. No me puedo imaginar cómo sería el duelo de titanes: el adalid del Free Cinema, que tenía fama de hombre de armas tomar, y el hombre (intratable) que sólo hacía westerns.

Algunas perlas. Esto es lo que le dijo Ford a Anderson cuando éste le habló de lo mucho que admiraba No eran imprescindibles:

Ford: “Me ordenaron que la hiciera. No la habría hecho si no hubieran consentido que mi salario se repartiera entre los hombres de mi unidad”. Le dije que estaba horrorizado. “Yo usaría esa misma palabra, dijo, sólo que a mí lo que me horrorizó fue tener que hacerla”.

Y con esto se descolgó en el momento menos pensado:

“Soy socialista. Creo en la propiedad estatal. Soy anarquista”.

No es extraño que Anderson, después de su primer encuentro con Ford, pensara que tal vez habría sido mejor no haberlo conocido. Aunque aún le quedaron ganas de enseñarle su primer corto, Every Day Except Christmas, al que Ford respondió con una molesta batería de preguntas y una indiferencia más bien prepotente.

“Después de conocer en persona a Ford en el set de Mogambo en 1952, llegué a la conclusión de que la admiración precisa la distancia. Su actitud, siempre a la defensiva, impulsaba indefectiblemente a decir las cosas que no debían decirse y a formular las preguntas que no debían formularse. Nada parecía provocarle una respuesta genuina. Su carisma personal no se veía disminuido por ello, pero nunca me ha gustado que me hagan sentir como un simple reportero. Tampoco tenía la confianza necesaria para tratarle como a un amigo, cosa probablemente que él hubiera preferido”

Y añadió:

“La reputación de John Ford como entrevistado era, por supuesto, legendaria; ahora podía dar fe de ello. Fue mucho peor que la primera vez que nos habíamos visto, cuando había estado malhumorado pero amigable. Su técnica era brutal, inmisericordamente destructiva; mentía, contradecía todo lo que había dicho hasta entonces, fingía no entender la más simple de las preguntas, y era capaz de reducirlo a uno a la impotencia y al desánimo”.

Así le describió Ford a Anderson el proyecto de El gran combate:

“Se trata de una historia real: vamos a hacerla como un documental… Este es el oeste desde el punto de vista del indio. He matado a más indios en toda mi carrera que cualquier otro director, así que sentí que era de justicia que contara ahora toda su historia… (Cheyenne Autumn) Es un buen título ¿no? Tengo un productor “intelectual” que quiere cambiarlo. Lo traeré aquí antes de que os vayáis, así podréis decirle lo idiota que es”.

Será mejor no conocer a tus ídolos, ¿no?


Escrito por Lunes 6 junio 2011


Los comentarios de la película. “(John) Ford, ese ¿gran? hombre”

  1. Raúl C.C dice:

    Todos los autores viven envueltos en un halo provocado por la celebridad de sus obras y éste, a veces, distorsiona la realidad. Quizá la culpa sea nuestra por no admitir que, aunque los artistas tengan sus peculiaridades, sus rarezas o debilidaddes de caracter no son muy distintas a las de la gente corriente. De ahí esas sorpresas. Creo que hemos sacralizado la figura del artista hasta el punto de que equiparamos excelencia con calidad humana.

    De algunos artistas suponemos inevitablemente determinados rasgos o unos eventos vitales que condicionan su personalidad y obra. Por ejemplo, de Tarantino suponemos que tiene algo de cabra loca o de Philip Roth que tiene un caracter tan amargo como sus novelas, y ambas suposiciones parecen haber sido ratificadas hasta cierto punto. Tambien hay contraejemplos. Beckett, por ejemplo, del cual alguien podría suponer, tras haber leido (o visto representada) Fin de Partida, una infancia desdichada o una vida turbulenta cuando resulta ser todo lo contrario (tal como se recoge en el libro de Anne Atik, “Como Fue”).

    En fin, yo no se si realmente deseo conocer a todos mis ídolos, quizá no, porque lo que disfruto de ellos nunca es *con ellos* sino a través de su obra. De todos modos, si nos ponemos en el supuesto, asumiendo su improbabilidad, de que pudiera conocer a alguien admirado, habiendo muchos, elegiría en este momento a…!Guy Maddin!

  2. Int dice:

    Recordemos la famosa anécdota en la cual Martin Scorsese tenía miedo de conocer a David Cronenberg puesto que, después de haber visionado sus películas, se esperaba una persona huraña, violenta y casi un psicópata. Posteriormente resultó ser alguien muy comedido, amable y tranquilo.

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