Bette Davis no hay más que una

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Pocas presencias han sido tan arrolladoras en el cine clásico como ella.
Pocos talentos tan evidentes.
Pocos caracteres tan fuertes .
De Bette Davis se ha dicho de todo, pero aún así nos sigue admirando cada vez que volvemos a verla actuar o (re)leemos algún dato de su agitada vida.

Su rostro, no especialmente agraciado, transmitía fiereza, determinación y sobrada inteligencia. Ese alto coeficiente intelectual le llevó a cuestionar el funcionamiento de los estudios y desear tener más poder a la hora de elegir buenos roles en películas que contaran historias interesantes, porque no siempre fue así.
Bette se consideraba una curranta, una estrella sin pelos en la lengua que no estaba tan cómoda como otras colegas dentro del engranaje de Hollywood: no le gustaba tener que intervenir por contrato en subproductos que podían dañar su prestigio, pero negarse suponía correr el riesgo de ser despedida y dejar de cobrar cuantiosas fortunas. Aborrecía hacer películas en cadena, como se fabrican coches.

Concienzuda en la creación de sus personajes, no era de esas intérpretes que se los llevan puestos a casa (y encima presumen de ello), sino que se despojaba de ellos como un ejecutivo hace con su corbata al final de la jornada, para volvérselos a encasquetar con la misma profesionalidad a la mañana siguiente. De sentido común: Imagínate que te acuestas con Baby Jane

Pero era una obsesa de la autenticidad a la hora de construir su rol, tanto en lo externo (examinaba vestuario, maquillaje, peluquería, pulía el acento…) como en su alma (leía las novelas en que se basaba, discutía con el director, estudiaba con mucha antelación el guión, ensayaba…), y lo daba todo cuando llegaba al plató.
Así que regresaba a casa agotada, pero dispuesta a aprovechar el descanso para volver a actuar con el mismo empeño en la siguiente jornada. Horario espartano para una diva que no queria lucir aún más ojeras en las tomas del día siguiente. Todo por hacer un trabajo sin fisuras, por amor a esa audiencia a la que respetaba y quería hacer vibrar.

Y vaya si lo consiguió: estas semanas lo podemos apreciar en varias películas de distintas etapas de B.D.:

-Jezabel se emite en TCM Clásico este sábado 7 y el miércoles 18 de mayo.
Con este papel -y su incendiario vestido rojo en un baile de sumisas y mojigatas- ganó su primer Oscar.

-La carta será emitida el día 27 de mayo (TCM Clásico).
Otro rol arrebatado a la altura de su temperamental manera de encarnar a mujeres que no se conforman con sus destinos. Mítica su escena del disparo.

-¿Qué fue de Baby Jane? se emite en TCM Clasico el domingo 22.
Aquí se suelta la melena histriónica y esperpéntica por exigencias de Robert Aldrich en una pesadilla sobre dos hermanas monstuosas.

-Muerte en el Nilo se emitirá el 12 y el 13 de mayo en TCM.
Ya muy veterana, encarna en este film repleto de stars, a uno de esos personajes subyugantes creados por Agatha Christie en una trama que engancha con un final, cómo no, sorprendente.

Es siempre un inmenso placer contemplar a Bette, la única (e irrepetible): ¿alguien osa compararse a ella?

Alfonso Rivera


Escrito por Sábado 7 mayo 2011


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