Good bye Elizabeth Taylor
Nos deja Elizabeth Taylor y con ella se dice adiós a la última edad de oro del cine, cuando las estrellas reinaban durante años, sabían reciclarse y ser algo más que un florero. Cuando las estrellas iluminaban nuestras vidas dentro y fuera de los escenarios. Cuando las estrellas nos emocionaban y escandalizaban de verdad.

Elizabeth Taylor, además de guapa, era una esplendorosa actriz. Como muchas actrices británicas, su talento estaba a la altura de su belleza e incluso la superaba. Desde su papel en Mujercitas hasta su maravillosa interpretación en ¿Quién teme a Virginia Woolf?, es difícil encontrar una mala actuación.
Cada vez tengo más claro que los actores y actrices dan lo mejor de sí cuando sufren de verdad. Cuando tienen que expresar un sentimiento que conocen demasiado bien. Y Elizabeth conocía mejor que nadie lo que significan el desamor y la soledad.
Los ojos más bellos del cine se dan cita en esta película. Las miradas del uno al otro, son más que suficientes. Los diálogos sólo acompañan y, a la vez, son los mejores instrumentos para recalcar lo que estos dos monstruos se dicen exclusivamente mirándose.
Los años 70 supusieron el declive profesional y personal de la actriz. Su relación imposible con Richard Burton, su problema con la bebida, su decadencia física y el olvido que surgió por parte de la nueva hornada de directores jóvenes, suponen el fin a lo mejor de su carrera.
El post de hoy es un sentido homenaje a Elizabeth, a la actriz y a la persona, pero antes de despedirme de ella, me gustaría recordar sus mejores actuaciones. Ahí van:
1. ¿Quién teme a Virginia Woolf?
La realidad se da de bruces con la ficción. Taylor y Burton se enzarzan en un duelo interpretativo que va más allá del cine. Quizá ambos vivieran, a lo largo de su tortuosa relación, algún episodio similar. Estamos ante una película que no envejece y que, cada día que pasa, parece más actual.
2. La gata sobre el tejado de zinc.
Los sentimientos se expresan con miradas y las interpretaciones crecen a medida que empezamos a conocer cómo son los personajes de verdad, más allá de las apariencias. Inolvidable.
3. Cleopatra.
Por esta película cobró un millón de dólares y se convirtió en la actriz mejor pagada de la época. A día de hoy, el rostro de Cleopatra siempre irá ligado a ella. A pesar del fracaso comercial del film, nadie puede achacarle a ella parte de la culpa. Su interpretación es majestuosa, propia de una reina.
4. Gigante.
Una tragedia griega en el sur de EE.UU. Un melodrama al estilo Faulkner con un elenco envidiable, todo un star system donde cada uno de los actores da lo mejor de sí mismo. Tres horas y media de película, tres horas y media de cine con mayúsculas.
Ganó el oscar por esta película, aunque la odió profundamente. Denostada por críticos y público, este hecho no debe influenciarnos a la hora de alabar la interpretación de Elizabeth. Su actuación denota su profesionalidad y el saber que una actriz siempre debe ser actriz independientemente de sus gustos y fobias.
Escrito por Jueves 24 marzo 2011
Ha muerto Elizabeth Taylor y me parece oportuno recordar a una actriz que encarnaba el “star system” bajo el cual Hollywood produjo muchas de sus grandes películas.
Dirigida por el veterano Clarence Brown, la Taylor alcanzó el estrellato como la única jockey con ojos color violeta en “National Velvet”, un clásico del cine familiar. A partir de entonces, convertida en la flor más hermosa del basto ramillete de la MGM (sólo hay que recordarla eclipsando a June Allyson y Janet Leigh en “Mujercitas”), Liz trabajaría con los mejores artesanos -Mervyn LeRoy, Richard Thorpe- y con maestros tales como Vincente Minelli, que la convirtió en la novia más bella de la historia del cine en “El padre de la novia”.
Su madurez como actriz y como mujer llegó de la mano de una obra maestra: “Un lugar en el sol” de George Stevens, la mejor película americana en opinión de Charles Chaplin. Quienes duden de la importancia de una estrella en el sentido clásico del término, deberían ver la primera aparición de la Taylor en la película. Con todo su talento, ni Vanessa Redgrave ni Gena Rowlands ni Meryl Streep podrían iluminar la pantalla del modo en que Elizabeth Taylor lo hace, ninguna otra actriz podría habernos hecho cómplices con su sola presencia del hechizo que sella el trágico destino de Montgomery Clift.
De allí en adelante, la Taylor sumaría un ingrediente a su glamouroso empaque de estrella hollywoodense: pasión. Como heroína de Tennessee Williams en “La gata sobre el tejado caliente” y “De repente el último verano”, supo encarnar la neurosis de mujeres insatisfechas y asfixiadas por secretos inconfesables en el sur conservador de los Estados Unidos. Dando la réplica a grandes actores como Paul Newman o Katharine Hepburn, Liz se convirtió en las manos de genios como Richard Brooks y Joseph L. Mankiewicz en una competente actriz dramática.
Y si ello no bastara para ganarle un lugar en la historia del cine, sus excesos durante el rodaje de “Cleopatra” -que contribuyeron a la debacle del sistema de estudios-, su caché de un millón de dólares y sus escándalos amorosos que le valieron una condena del Vaticano, le cambiaron el rostro a Hollywood.
A tono con los tiempos, la Taylor se arrancó la piel frente a las cámaras en “¿Quién le teme a Virginia Woolf?”, película moderna y contracultural donde las haya, dando al traste con su imagen de elegante belleza morena.
Liz Taylor fue una actriz que trabajó con Minelli, Stevens, Dmytryk, Brooks, Manckiewicz, Nichols, Huston, Losey… Que fue hija en la ficción de William Powell, Irene Dunne, Spencer Tracy, Green Garson… Que fue amada en la pantalla por Montgomery Clift, Robert Taylor, Paul Newman, Rex Harrison, Richard Burton… Que fue objeto del deseo de Rock Hudson y James Dean con el telón de fondo de los ranchos y pozos petroleros de Texas en “Gigante”… Y que vivió una vida más grande que la vida misma como estrella, activista de la lucha contra el SIDA y personalidad mundial.
Los ojos más bellos del cine se han cerrado… pero quedan sus películas para volverlos a admirar.
JUAN.
Merecido post a una grandísima y bellísima actriz. La verdad es que Juan ya lo ha dicho todo con excelente tino, por lo que tan solo añadiré que estoy de acuerdo con la apreciación de la infumable ” Una mujer marcada “, film pretencioso que solo es recordado por su oscar. Yo la hubiera sustituido por ” Reflejos en un ojo dorado ” ( John Huston ), que protagonizó junto a Brando, pero claro,…el oscar. En el aspecto puramente personal, su comportamiento con Montgomery Clift, habla de una persona que valía mucho la pena. ” Sus ojos se cerraron…” cantaba Gardel, y en este caso estoy de acuerdo con Juan, eran los ojos más bellos que han dado el cine, eso si, junto a los de Newman.Por último, ” La gata…” es un film del que siempre se habla de las buenas interpretaciones de su pareja, pero sería justo mencionar el excelente trabajo de Burl Ives. Descanse en paz. Saludos.