Como Claudia Cardinale en “Fitzcarraldo”…

Así me siento yo en estos momentos.
Porque me encuentro en Manaos, el corazón del Amazonas brasileño.
Y cada tarde penetro en el gran teatro de la ópera de la ciudad para disfrutar del espectáculo que allí se ofrece. Aunque no voy a gozar escuchando al gran Caruso, como hacían Klaus Kinski y la bellísima actriz italiana en el mítico film de Herzog, sino viendo películas y cortomatrajes del 7º Amazonas Film Festival, que tiene lugar en este marco incomparable -aquí este glandilocuente adjetivo encaja a la perfección- del 5 al 11 de noviembre.
Con el aire acondicionado a tope -como en buen país tropical-, caldo de piraña en mi estómago y sentada en las butacas originales del edificio, de un siglo de antiguedad, me estoy codeando con lo más florido del cine y la televisión brasileños, asistiendo a fiestas e incluso viviendo aventuras selváticas que ya os contaré en otro post. Porque hoy os voy a hablar de los títulos más interesantes que estoy viendo en este festival de marcado carácter popular: las proyecciones tienen también lugar en un enorme cine al aire libre en la gigantesca plaza donde del teatro y en hospitales, cárceles, paradas de autobús, colegios y en remotas aldeas de la selva a las que se llega sólo en barco surcando las aguas del Río Negro, uno de los dos que desembocan en el bestial Amazonas, de varios kilómetros de ancho (esta temporada menguados por una brutal sequía).
No os quiero dar envidia, pero no puedo dejar de hablar de la fiesta de apertura del certamen, que tuvo lugar en el Palacio Río Negro, una magnífica mansión de no menos espectacular jardín tropical y donde actuó la actriz-cantante argentina Soledad Villamil, presidenta de honor del evento. Ah, también tenemos representación hispanoparlante entre los miembros del jurado de largometrajes (hay otros para cortos): el actor cubano Jorge Perugorría y el cineasta granadino Miguel Hermoso.
La película que abrió el certamen se titula Lixo Extraordinário (Wasted Land), un documental con producción ejecutiva de Fernando Meiralles que muestra la obsesión decididamente loca de Lik Muniz de aprovechar el material de desecho del Jardim Gramacho, uno de los basureros más grandes del mundo (ubicado en las afueras de Rio de Janeiro) para, con la participación de los recolectores que allí trabajan recuperando objetos, crear arte colectivo.
Durante tres años las cámaras se meten entre la inmundicia para retratar a las gentes que sobreviven allí, unos luchadores de fuerte dignidad y espíritu de lucha. Toda una lección de optimismo.
En la competición hemos llorado con Afthershock, una megaproducción china que sigue a una familia desvastada por el terremoto de 1976 en Tangshan, magistralmente filmado por Feng Xiaogang, por muchos denominado “el Steven Spielberg” asiático, quien traza un paralelismo histórico en la trama, un tanto fotellinesca pero con correctos recursos narrativos.
El film está arrasando en su país y lo representa en la carrera por el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
Una cinta que entusiasmó al público pero a mí me dejó fría fue Habana Eva, de la venezolana afincada entre Europa y Los Angeles Fina Torres (¿recordáis Woman on top, uno de los primeros trabajos de Penélope Cruz en Hollywood? Pues ella era la directora).
Ahora se ha ido a la capital cubana para, con una indefinición de estilo que lleva a la confusión, retratar a una joven que debe decidir entre dos hombres tan guapos como ella. Con un humor fácil, toques de magia y aire de culebrón, intenta hacer una metáfora de la isla caribeña, pero la cosa se le queda a medias.
Mucho más interesante, seria y dramática es la película mexicana Las buenas hierbas, que viene de triunfar en Roma y Guadalajara y se dispone a repetir jugada en el inminente festival de Huelva. Con guión y dirección de María Novaro, supone el regreso de la responsable de Danzón y El jardín del Edén (ambas estrenadas en España) tras una década de silencio.
Lo que muestra en una película rodada en breves periodos de tiempo durante más de un año y en orden cronológico es la relación materno filial entre una científica botánica que empieza a sufrir los síntomas del Alhzeimer y su hija (magnífica Ursula Pruneda), quien tendrá que tomar decisiones cargadas de amor, lealtad y fortaleza.
Y hasta aquí la primera entrega de mi aventura cinematográfica en el Amazonas. En próximos posts habrá más: hablaré de los sorprendentes cortometrajes brasileiros, del encuentro de las aguas e incluso de un decorado cinematográfico reconvertido en museo del caucho, sin dejar, por supuesto de repasar la sección competitiva.
Pero ahora os dejo que empieza una tormenta tropical perfecta. Besitos.
Escrito por Miércoles 10 noviembre 2010
¡Coño, pues entonces te pués pasar Doctora por mi puesto de jamones y embutidos del pueblo! 322 Carretera de Bocigas de Perales a Manaos. Cueva 12.
¡Mancantao lo de “grandilocunete” y lo de Soledad “Villaamil”!
¡A divertirse, Doctora!
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Ok, J. Medel, nos vemos en tu cueva!
Y corregidos los falletes, la caipiriña es lo que tiene, jeje
¡¡Que envidia me da usted Dra.!!
Sana, pero envidia al fin y al cabo.
Que le aproveche…
Saludos