Stone, duelo de titanes

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PUNTUACIÓN: 6

Stone se sustenta en un previsible duelo de titanes que se despliega en los límites de un despacho. A un lado de la mesa, y disparando desde una desacostumbrada contención, Robert De Niro, agente de la condicional a punto de jubilarse con más de un secreto en el baúl de los recuerdos. Al otro lado, su último reto, Edward Norton, en una de sus acostumbradas composiciones, rebosantes de técnica y estudiada seducción.

El duelo es interesante en la medida que los personajes no encarnan el Bien y el Mal sino dos variantes del Mal cuyo punto de intersección es un enigmático ‘quid pro quo’. Norton quiere salir de la prisión, cree haber cumplido su condena por un acto pirómano. De Niro tiene la llave, y no parece demasiado dispuesto a dársela.

Los mensajes evangelizadores que llegan desde la radio, y que sobrevuelan el tormento de los personajes como una amenaza ominosa, definen el contexto de una América reprimida, que oculta sus pecados en una apariencia respetable pero que sólo aspira a la infelicidad y el infortunio.

El problema de Stone es que a veces se va demasiado por las ramas, y no consigue penetrar hasta el fondo de la psicología de sus personajes. Hay algo de parábola bíblica en sus intenciones, pero acaba demasiadas veces para convencernos de que tiene alguna meta que alcanzar. Es una película extraña y sin norte.

Sorprende, como contrapunto femenino, la presencia de una Milla Jovovich como mujer fatal, muy alejada de las heroínas de acción que la han convertido en estrella, y la aparición de Frances Conroy en un personaje que pide a gritos un poco de desarrollo, monocorde y callada en un rincón del mundo.


Escrito por Jueves 28 octubre 2010


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