El gran Vázquez, ¿os gusta Santiago Segura?

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PUNTUACIÓN: 7

No puedo imaginar El gran Vázquez sin Santiago Segura. Óscar Áibar ha dado en el clavo al ofrecerle el papel del dibujante Manuel Vázquez, creador de personajes tan míticos del tebeo hispánico como las hermanas Gilda o Anacleto, y uno de los mayores canallas y vivales de la oscura España del desarrollismo.

Vázquez es cínico y brillante, un bon vivant que no quiere renunciar a nada -ni a esposa ni a amante, ni a piso con electrodomésticos nuevos ni a una habitación de hotel de lujo asiático-, sobre todo si con ello su ego sale vestido de gala. Es un personaje tan típico de la comedia popular española -Tony Leblanc lo interpretó en su época- como de la italiana.

Áibar satura este retrato de un artista del hambre con los colores y los decorados del cómic, y comete la imprudencia -porque no están bien integrados en el discurso del filme- de animar a los personajes de Vázquez de vez en cuando. Con todo, el tono está conseguido: la película cuenta como un sistema totalitarista -el de la editorial Bruguera-, idéntico al del régimen, puede ahogar el talento de un hombre tocado por el genio.

Segura encara su primer protagonista desde la empatía y la distancia irónica, un poco como hizo con José Luis Torrente en la primera entrega de la saga. Hay dos Seguras: el actor disciplinado, magnífico en, por ejemplo, El día de la bestia, y el gran publicista de sí mismo, más preocupado por la taquilla que por el resultado final de sus groseras comedias.

En El gran Vázquez su talento está al servicio del personaje. Es entonces cuando le vemos como gran heredero de actores clásicos de la comedia española como José Luis López Vázquez o Manuel Alexandre, no sucumbiendo a otra tradición, la de Mariano Ozores, de la que tanto beben las secuelas de Torrente.


Escrito por Miércoles 29 septiembre 2010


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