Lope, el pecador impecable

PUNTUACIÓN: 4
La operación comercial de Lope es fácil de definir: se trata de hacer un Shakespeare enamorado a la española, tomando como excusa a un dramaturgo que le enmendó la plana al mismísimo Cervantes, y que con su encanto a lo rebelde sin causa, se cameló a dos chicas que bebían los vientos por sus poemas.
He leído alguna entrevista con Leonor Watling en la que explicaba la simbología de esas dos mujeres entre las que se debate Lope de Vega. Ella es la mujer solar -el amor total, luminoso, entregado- y Pilar López de Ayala es la mujer lunar -enigmática, oscura-. Qué pena que ni la puesta en escena de Andrucha Waddington ni la interpretación de las actrices se esfuerce por mostrarnos tan elaborada metáfora.
El capítulo de los actores es el que más cojea en Lope. Alberto Amman se esfuerza, pero tiene el mismo encanto, un tanto artíficial, que Joseph Fiennes en Shakespeare enamorado. Juan Diego está sobreactuado -aunque no tanto como en Rosa y negro- y el conjunto interpretativo queda diluido en un mar de trabajos dudosos.

Quizás tenga algo que ver Andrucha Waddington, que, según sus palabras, ha querido huir del clásico en verso para insuflar algo de modernidad en esta biografía de los años mozos y antisistema de Lope de Vega. El resultado es una película que quiere ser más grande que la vida pero que nunca acaba de desprenderse del tufillo a miniserie de primetime que tanto abunda en los títulos de época hispanas.
Que no se me malinterprete: hay un esfuerzo de producción importante, se nota que se pretende evocar el realismo sucio del Madrid del siglo XVI, que no se quiere embellecer al galán, que siempre tiene las uñas negras, pero todo cae en saco roto porque el resultado global no es creíble, no es verosímil, no atrapa al espectador.
Escrito por Miércoles 15 septiembre 2010
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