Mis sex-symbols favoritos: hoy, Anita Ekberg

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“Hay muchas cosas que me gustan en la vida, pero sobre todo tres: amor, amor y amor”

Son palabras de Silvia, la opulenta estrella extranjera, recién llegada a Roma para rodar una superproducción, dichas por sus labios rojos en la rueda de prensa que muestra La dolce vita, la obra cumbre de Federico Fellini.

Una star de melena rubia (realzada por un blanco y negro más que elegante) y curvas de vértigo que, con gafas de sol, ha bajado -por petición de los paparazzis- dos veces la escalinata del avión, confiesa dormir desnuda y adorar la comida italiana, y se fascina por las gallinas de la carretera, los aullidos nocturnos y por un gatito que encuentra en las calles desiertas de una Ciudad Eterna dormida.

Una niña grande (que será castigada tras sus travesuras nocturnas por su chulazo, un Lex Barker post Tarzán) y pechugona que sube encantada e infatigable los peldaños de la cúpula de la Basílica de San Pedro vestida de clérigo mientras un pagafantas llamado Marcello (Mastroianni) cree perseguir a una auténtica diosa.

La misma deidad que parece haber descendido del grupo escultórico barroco para remojarse en las aguas de la Fontana de Trevi.
La imagen irreal y sublime de Anita Ekberg dentro de la más famosa fuente del mundo pertenece, por muchos méritos, al imaginario colectivo pues rezuma una sensualidad tan brutal y estética que estremece.

Esta giganta vikinga que fue miss Suecia mutó en maggiorata gracias al genio italiano, que la llamaba Anitona, y así ha quedado para la posteridad, pues su fugaz paso por Hollywood (donde llegó a recibir un Globo de Oro como promesa) sirvió para que Jerry Lewis la persiguiera con deseos impuros en Loco por Anita y ejerciera de bellísimo animal malévolo en Guerra y paz.
De paso, lució tipazo en éstos y otros títulos, donde a la mínima aparecía vestida de odalisca agitando caderas y melenón o de esclava megasexy.

Pero su regreso al Viejo Continente dio un giro a su guión vital.
Incluso pasó por nuestro país para rodar una las muchas coproducciones europeas en las que intervino, siempre bella e insinuante (con ese físico, resultaría poco creíble como chica corriente).
Mas su fascinación por Italia -en cuya capital sigue residiendo- llamó la atención de Fellini (un fanático de las mujeres carnales y macizas), que le dio el breve pero intensamente erótico y célebre papel en La dolce vita, convirtiéndola ipso facto en una de las criaturas más bellas contempladas jamás en una pantalla cinematográfica.

Pues como sentenció el maestro en su film Intervista, de 1987, Anita Ekberg “É una dona épica”.
Sin la menor duda, don Federico.


Escrito por Martes 27 abril 2010


Los comentarios de la película. “Mis sex-symbols favoritos: hoy, Anita Ekberg”

  1. Patraix dice:

    Perdonad mi ignorancia. ¿Alguien ouede explicarme qué significa “pagafantas”? Es una palabra que he oído y leído algunas veces estos últimos meses, pero no logro intuir qué significa.

    En el texto de la Doctora Amor sale en este párrafo: >

    Gracias de antemano.

  2. Doctora Amor dice:

    Querid@ Patraix: si pinchas sobre la palabra en cuestión, en el texto superior, accederás a una entrevista donde se habla largo y tendido sobre la idea. Seguramente te quede más claro el concepto después de leerla. Gracias a ti. Besos.

  3. Patraix dice:

    ¡Gracias, Doctora Amor!

    Por tanto, si no he entendido mal, “pagafantas” tendría esta definición: “persona enamorada de otra, la cual tan solo ve a aquella como amiga”.

    (Debemos, no obstante, admitir que es abusivo referirlo al personaje de Marcello en “La Dolce Vita”, ¡enorme película!)

    Gracias otra vez.

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