Putas de cine (Primera parte)

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En la nueva versión de la contundente Teniente corrupto, la sex-bomb Eva Mendes interpreta a una ramera de alto standing, aficionada a las drogas y otros vicios, como mantener una relación más o menos estable con el policía cabrón que interpreta un cheposo Nicholas Cage.
La latina se une así al (puti)club de actrices que han ejercido el oficio más antiguo del mundo en la ficción (en la realidad… ése es otro cantar) y entre las que destacan:

-Marlene Dietrich en El ángel azul: la mítica cabaretera Lola-Lola con el vozarrón cazallero de la musa de Josef Von Stemberg, siendo la personificación de la perdición de los hombres tal y como la dibujó Heinrich Mann en su novela.

-Shirley MacLaine siempre será Irma la Dulce, la puta más maravillosa del cine.
La actriz volvería a prostituirse con mucha gracia y movimiento en Noches en la ciudad, remake yanqui a cargo de Bob Fosse de Las noches de Cabiria, donde la chica de alterne era Giulietta Massina, señora del dire, Federico Fellini.

-Lynn Redgrave en La prostituta feliz: film basado en las memorias de Xaviera Hollander, holandesa que pasó del matrimonio a las calles, triunfando en lo suyo y haciéndose madame de un burdel.
El éxito de la película repercutió en un par de olvidables continuaciones.

-Annie Girardot en La profesional y la debutante: una jovencita (Brigitte Bardot) sale del convento, toda ingenua, y hace amistad con una mujer de la vida, llamada Mona Lisa; se hacen colegas y se enseñan muchas cosas. Y es que casi todo se pega… Girardot también ejerció -más dramáticamente- en Rocco y sus hermanos.

-Liz Taylor en Una mujer marcada: una megaestrella bajando a las cloacas de vender su cuerpo por un puñado de dólares con un tipo de papel que desde ese momento daba muchas papeletas para la tómbola del Oscar.
Siguiendo el ejemplo, todas las grandes actrices del mundo se pirran por interpretar a una meretriz: léase Jane Fonda en Klute.

-Anna Magnani en Mamma Roma, de Pier Paolo Pasolini: los suburbios de la ciudad eterna retratados a través de este desgarrador fresco familiar con madre putana, su bruto macarra y el niño más que problemático.

-Catherine Deneuve en Belle de Jour, de Luis Buñuel: obra maestra sobre la doble vida de una señora casada que dedica el tiempo libre a complacer a todo tipo de hombres y con una gran variedad de jueguecitos.
La gélida Deneuve bordó aquí su personaje más célebre.

-Isabelle Huppert en Prostituta de dia, señorita de noche, de Claude Chabrol: la protagonista se hace hetaira por presión materna, pero ejerciendo conoce a un príncipe azul… hasta que la chica comete un crimen familiar. Por lo visto se basa en hechos reales.

-Concha Velasco en Yo soy fulana de tal, de Pedro Lazaga: una chica de pueblo tiene que abrirse camino en la ciudad y que mejor manera que haciéndolo de piernas, sobre todo cuando se da cuenta de que el amor sólo la hace sufrir, asi por lo menos se sacaba unas pelas.

-Jennifer Jason Leigh en Última salida: Brooklyn: película basada en la novela homónima de Hubert Selby Jr., de cierto éxito en los ochenta y que describe el submundo del mítico barrio neoyorquino, donde sobrevive, entre maleantes y violentos, esta puta peliteñida de generoso escote.

Seguiré, en un próximo post, repasando las versiones que nos ha ofrecido el cine de este polémico oficio.
No os impacientéis, querid@s…


Escrito por Martes 12 enero 2010


Los comentarios de la película. “Putas de cine (Primera parte)”

  1. jose luis Sosa dice:

    Una caracterización que ha dado muchas satisfacciones y dividendos a grandes actrices, así como a aspirantes a serlo.
    En esta lista, lastimosamente se omitió a la legendaria actriz griega Melina Mercouri, quien en la no menos legendaria película Nunca en Domingo, recrea a la prostituta mas entrañable e inteligente que haya conocido el cine del siglo 20, ésta, junto a Jane Fonda, quien en Klute recrea a la prostituta más genuina y creible de la pantalla grande, son sin duda alguna, las dos caracterizaciones más memorables por aquellos que conocemos del cine como arte!!

  2. parra dice:

    me quedo con Gulieta Massina en “Las noches de Cabiria”, por lo entrañable…

  3. camnaleta dice:

    me.gusta.las-mujers

  4. Gerardo Almodóvar dice:

    El cine, indiscutible fenómeno social y cultural, ha sido pródigo a la hora de describir (en obras, a veces magníficas) el oficio más dramático, triste y antiguo del mundo: la prostitución. (Véase “La calle de la vergüenza”, último filme del gran Mizoguchi, basado en una novela de Yoshiko Shibaki, con las inolvidables creaciones de Machiko Kyo y Ayako Wakao.)

    Y ahora vamos con otras míticas actrices que también nos han deleitado encarnando a prostitutas con convencimiento:

    Janet Gaynor (“El ángel de la calle”).
    Marlene Dietrich (“Fatalidad”).
    Liza Minnelli (“Cabaret”).
    Simone Signoret (“París, bajos fondos”).
    Andrea Palma (“La mujer del puerto”, 1933).
    Sophia Loren (“Ayer, hoy y mañana”).
    Annie Girardot (“Rocco y sus hermanos”).
    Brooke Shields (“La pequeña”).
    Audrey Hepburn (“Desayuno con diamantes”).
    Jane Fonda (“Klute).
    Mira Sorvino (“Poderosa Afrodita”).
    Julia Roberts (“Pretty Woman”).

    Basta por hoy…

    Saludos.

  5. Asfodelo dice:

    Según mi manera de ver las cosas, tal vez bastante singular, creo que la vida de un actriz, por poco que sea reflexiva, debe ser bastante triste. Los caminos que han seguido para llegar al estrellato, por más que lo oculten en sus respectivas biografías, no carecen por lo general de bajezas y aspectos sórdidos. No sin tristeza, por más felices que parezcan en su juventud exitosa, y por muy grande la riqueza que les depare el éxito, han de asistir a ese terrible proceso que nos conduce a la vejez. Aunque por lo general practiquen una vida sexual sin inhibiciones, son raros los casos en que conocen el verdadero amor, experiencia más frecuente entre las prostitutas.
    Unamuno no valoraba a estas féminas ya que solo veía en ellas a unas mujeres sin verdadero contenido humano, o a bellezas profesionales como él decía, carentes de esos otros rasgos de la mujer cuyos atractivo puede basarse en otras cualidades de mayor valía.
    No puedo negar que me fascinan muchas de esas actrices por su belleza; pero en modo alguno puedo comprenderlas ni hacerlas objeto de culto. No entiendo cómo en una ocasión pueden interpretar la vida de una santa y en otra la de una mujer repulsiva y viciosa. En ellas se cumple plenamente lo que afirmaba Keats de los poetas, cuando afirmaba que estos carecían de auténtica personalidad. (Realmente, creo, Keats se refería a los poetas dramáticos, que en cierto modo asumen todos los personajes de sus obras, y no tanto al poeta lírico, que no puede encarnar otra personalidad que la que le es propia.)
    Por todo ello, yo no me puedo sentar a ver una película sin saber de antemano su argumento y su desenlace, pues como persona muy madura la intriga en sí no me interesa, y no ignoro que todo lo que se me presenta es ficticio. Yo creo que la vida tiene su mejor representación en la vida misma y en el misterio de la naturaleza.

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