Ciclo Louéllico 10: Un día en las carreras

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Lo he dicho un montón de veces y lo mantengo: la realidad supera al porno. A mí, el surrealismo hace mucho, mucho tiempo que me parece costumbrismo. Y viceversa. O sea, Una lee la prensa y se queda de piedra pómez. Por eso me encantan los Hermanos Marx, porque pervierten la realidad, la llevan a la apoteosis del absurdo y, sin embargo, me los creo. Yo veo, por ejemplo, Un día en las carreras y me parece que, más que ante una comedia, lo que estoy viendo es un documental. Mi vida es así, sin ir más lejos.

Por eso he elegido esta comedia para abrir el programa doble que pone fin al ciclo programado por Una Servidora. Adoro a los hermanos Marx y la idea, brillante pero un poquito perversa, de contraponer a Margaret Dumont con una yegua me recuerda un poco a las fotos de Camilla Parker en Ascot: no sabes quién es quién, o sea, sí lo sabes, pero sólo porque una está a un lado de la valla y Camilla al otro, pero si le quitas el pamelón a Camilla y la pones en la pista con una brida, te das cuenta de que, por fin, ha encontrado el estilismo que más la favorece.

Todo el mundo adora a Groucho (afortunadamente, no hasta los límites de Fernando Trueba, a quien no se le ocurrió mejor homenaje que estigmatizar a su hijo con semejante nombre,; imagínate que le llega a gustar Fatty Arburkle y su hijo le sale con obesidad mórbida, ¡qué papeleta!), pero yo a quien amo de manera incondicional es a Harpo. Creo que a él le debo mi desmedida afición a los muditos.

En cualquier caso, creo que Un día en las carreras es una película perfecta para despedir un mes que empezó con el día de difuntos y con una película, Luz que agoniza, que ilustra a la perfección lo que es la locura. Pues… ¿qué es la locura sino una película de los hermanos Marx? Mmmmmm, probablemente la realidad, claro. Y es que me remito al principio: la realidad supera al porno. Y a los Marx.

Moraleja: En cualquier caso, YO, a estas alturas, cuando alguien se declara marxista me encomiendo a San Harpo y San Groucho y confío ciegamente en que se refiera a los Hermanos Marx. Es el único marxismo que ha sabido envejecer sin traicionarse a sí mismo.


Escrito por Viernes 27 noviembre 2009

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Los comentarios de la película. “Ciclo Louéllico 10: Un día en las carreras”

  1. espartaco dice:

    Maravillosa, ingeniosa, y diplomáticamente incorrecta, como todos los films de los Marx. Para mi gusto, en sus películas sobraba únicamente el obligado número musical de Harpo, el cual, era un freno en el ritmo de la historia.

  2. Gerardo Almodóvar dice:

    Buen guión, buenos diálogos, buena fotografía, ingeniosa dirección, con escenas espectaculares, ritmo frenético, geniales gags, alto nivel de humor… en fin, el acabóse. Aunque todo este festival de ingenio decae un poco en la segunda mitad, “Un día en las carreras” (1937) está, en mi opinión, entre las mejores películas de los Hermanos Marx, que siempre dieron lo mejor de sí mismos bajo la dirección de Sam Wood y también con Leo McCarey (“Sopa de ganso”), dos cineastas muy importantes en su filmografía.

    En esta cinta, como en otras (bien lo apunta el amigo espartaco), hay números musicales, algo cargantes, de los que se podría prescindir. De todas formas, es genial.

  3. Paquito Franco dice:

    ¡Hombre, Roberto Alcázar! ¡Cuanto tiempo sin leerle!

  4. Amparo dice:

    Una Guilermina

    y la otra Motta

  5. Puertorrico dice:

    Al final, los hermanos Marx son de lo poco citable en el siglo XX…