Hitch (y Almodóvar), o los peligros de la personalidad (y el espejismo)

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Hubo un momento, allá por la década de los ochenta, a finales, en que Pedro Almodóvar se expresaba con clarividencia y decía (o escribía) cosas tan sensatas como estas:

Cualquier disparate resulta verosímil si se desarrolla sobre la superficie de los sentimientos. La emoción sentimental supone siempre el mejor vehículo para contar cualquier historia. Y el humor, claro. Se me olvidaba. Para que una comedia de cualquier tipo lo sea, debe respirar humor, no importa de qué color.

O como estas otras:

Lo peor no es la soledad, a veces el exceso de compañía (aunque sea musical) puede ser terrible, como decía Julie Andrews en The sound of music: “Un capitán y siete hijos son motivo suficiente para echarse a temblar”.

Lo peor es la impotencia ante la confusión que provoca el hecho de que te abandonen. El problema de los hombres y las mujeres es que perteneciendo a la misma especie y pareciéndose incluso físicamente (también los chacales se parecen a los perros y no son perros) no se entienden entre ellos. Así es y así seguirá siendo.

30 años después, Pedro Almodóvar se ha perdido dentro de su propio laberinto y me temo que no sabe cómo salir (iba a escribir, supongo que en un amago de crueldad, “cómo escapar”) de ahí. Meterte dentro de tus propios laberintos puede ser el peor de los infiernos.

La hija de Alfred Hitchcock, Patricia, aunque de una manera muy, muy edulcorada (supongo que encorsetada por complejos de lo más freudianos), lo insinúa en el libro que dedica a su madre, Alma Reville. Al final, Hitch estaba perdido en sus propios laberintos interiores y producto de esa estancia en La Casa de los Espejos fueron películas como Topaz (o, en el caso de Almodóvar, como Los abrazos rotos).

De vez en cuando hay que salir de uno mismo, darse un paseo por otras tierras (y otros cuerpos) para que entre aire fresco en los sótanos de la memoria. Porque hasta la personalidad, cuando se la saquea demasiado, termina por convertirse en una cáscara vacía, una cueva desolada. Y a mí… a mí eso me da una pena terrible.

Moraleja: Ama los espejos, pero huye de ellos como de la peste.


Escrito por Martes 3 noviembre 2009

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Los comentarios de la película. “Hitch (y Almodóvar), o los peligros de la personalidad (y el espejismo)”

  1. Puertorrico dice:

    Hace 20 años que Pedro Almodovar no hace sino repetirse. A veces se repite bien, a veces se repite mal. Eso es todo, amigos…

  2. Miguel dice:

    Eso es lo que tienen los genios

  3. Susú dice:

    Preciosas palabras, Louella, detrás de las cuales se esconden verdades como puños. Afortunadamente, el ser humano tiene la capacidad de evolucionar, e incluso a veces, aunque sólo sea en pocas ocasiones, es capaz de liberarse de esa serpiente estranguladora en que puede convertirse su propia personalidad y que llega un momento que asfixia y mata el último resquicio de alma que había en él.

    Quizá Almodóvar ( que a mí lejos de disgustarme me inspira empatía y un sentimiento de conmiseración) esté viviendo una de esas crisis existenciales que avivan o matan al artista. Pero confiemos en que se recupere. De todas formas, si no es así nos quedarán películas estupendas que un día marcaron el cine español y contribuyeron a su difusión y prestigio internacionales.

  4. jp3 dice:

    woody allen se está repitiendo hace casi 40 años, y ken Loach y tantos otros… pero por eso les llaman “autores”

  5. Remi dice:

    Ya lo dijo un gurú, muy yogui él: La personalidad es un gran obstáculo para avanzar en el crecimiento personal. No me acuerdo cómo se llamaba, no me lo pregunteis, mirad en Internet.

  6. Fasol dice:

    nadie te lo ha preguntado

  7. Lasi dice:

    Otra vez tú, cómo se ve que te caigo bien. Sigue tan ocurrente.

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